miércoles, 26 de noviembre de 2014

El Gran Hermano


Recuerdo, en una fría Semana Santa de nuestro querido pueblo, como se hablaba de Gran Hermano, que empezaba justo el domingo de resurrección. Nadie sabía que era ese programa, pero muchos ya decían que estar en el pueblo era como Gran Hermano. Desde el desconocimiento, no les faltaba razón. Con el tiempo, se demostró, que esa afirmación no distaba mucho de la realidad.

El “Big Brother” era una personaje de la brillante obra de George Orwell, 1984, que controlaba dentro de una dictadura totalitaria a toda una sociedad, incluso interfiriendo en sus vidas privadas. De allí, se adaptó ese nombre para el programa de televisión, siendo el espectador el que observa y decide el futuro de un grupo de gente desconocida, bajo el control de un “Gran Hermano”. ¿Por qué esta introducción? Muy sencillo. Incluso por esas tierras que muchos compartimos, estamos observados, algo que retomaré más adelante.

Una de las frases que más se repite en el reallity por excelencia es: “todo se magnifica”. Esa frase repetida hasta la saciedad en todas las ediciones, puede ser el mejor paralelismo con la vida “real”, con la vida en el pueblo, con un “pero”: solo es válido en la juventud, sea física, como mentalmente, ya que no solo el D.N.I. marca la edad.

Amistad desmedida. Odios perpetuos. Amores eternos. Una mezcla explosiva para una ecuación con una caducidad no muy lejana. Se vive todo con una intensidad al límite, exponiéndonos sin protección emocional alguna durante ese tiempo limitado que tenemos por delante. No pensamos en el mañana, solo en el hoy. Como bien he dicho anteriormente, todo se magnifica.

Gente muy diversa unida por un lugar. De diferentes lugares, diferentes gustos, diferentes pensamientos. Solo ese rinconcito puede juntar a gente que en otra circunstancia, quizá, nunca lo estaría. Afinidades sorprendentes, complicidad espontanea, recuerdos grabados de esos días. El sitio nos trae, pero las emociones nos atan.

Noches de fiesta guiada por el alcohol. Alguna de ellas descontrolada. Te olvidas de todo. Incluso de si tienes pareja en algún lugar. Esos son los únicos ojos que no te ven. La culpa siempre la tendrán esas copas de más. Esos flechazos, esos pocos minutos de conversación, son los que marcan un verano entero.

Hay ojos por todas partes. No dudes que lo que hagas o incluso lo que no hagas, será visto y expandido por todos los rincones. No luches contra ello, se dirán miles de cosas sobre ti, algunas ciertas, otras, la mayoría, muy falsas. En cualquier rincón están, aunque parezca que no. Tu privacidad es pública, o es creen. Es irremediable.

Los días pasan y el pueblo pierde gente. Sus marchas te entristecen. Recuerdas como pasan los días, a qué velocidad, e incluso rememoras momentos que has disfrutado con los próximos retornados. Pocos quedáis, pero no hay ganador, ni premio para el náufrago. Todos perdemos. Se acerca el adiós.

Disfrutas del último día sabiendo que mañana se acaba. Los besos, las risas, los estados etílicos, el enfado,  las noches, el frío, la gente, todo se queda atrás. Se alargará un poco más, pero todo se termina. Todo lo que en poco tiempo se magnificó, se quedará  a un lado para seguir con tu vida. Lo que pasó allí, unos pocos los sabrán. Lo que pasó allí, solo tú recordarás.

Muchas similitudes entre el longevo programa y nuestro querido pueblo. No es lo mismo, ni mucho menos, una cosa con otra, pero, si algún día lo piensas, en esa vorágine de agosto, que quizá, solo quizá, hay alguien que te observa. Nada de lo sucedido ese mes se escapa. Nada queda fuera de lo que el Gran Hermano ve.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Agosto en calma

Hace días que no escribo nada en este humilde blog. La resaca del pueblo se pasó hace tiempo. Y he de decir, que con más rapidez de lo que esperaba, tras pasar un verano entero (ya me entendéis con eso de entero) por nuestras queridas tierras. Será cosa de la edad, quizás. Aunque seguramente ya avanzado el mes de septiembre muchos de vosotros, si alguno quedaba, ya volvéis a estar concentrados en el mundo real.

Justo hace un mes estábamos, lo más afortunados, en el epílogo del epílogo. En esa última noche donde pasan demasiadas cosas para ser solo una. Esa última orquesta tocando las canciones de siempre por última vez hasta el próximo año. Esos últimos instantes con esa gente de alrededores de los que sabrás de su vida por Facebook.

Después de tanto tiempo y con el adiós del verano, oficialmente, en frío, y no lo digo por el tiempo, se puede analizar lo que ha sido este mes de agosto desde mi perspectiva, que no será la de todos obviamente. No quiero es un resumen. Seguramente solo sea una opinión. Y todos tenemos una desde luego.

Y mi análisis se resume en una palabra: tranquilo. Me explico. Tanto para bien como para mal, no ha habido incidentes entre pueblos, muy lejos de los vistos en años anteriores (se agradece por otra parte). Y en los amores de verano pocas han sorprendido, aunque siempre hay alguna que sí. También he de decir que estoy ya bastante lejos del fragor de la batalla y habrá cosas que se me escapen, pero esa perspectiva no la vi otros años.

Lo de tranquilo es algo relativo como habéis podido imaginar. Es evidente que siempre ocurren momentos, situaciones, relaciones. Los protagonistas cambiarán, pero, por mínimas que sean, las interrelaciones de la gente de los pueblos, tanto positivamente como no, sucederán. Y cada vez, como le ha ocurrido a este humilde escritor, te pillarán más de lejos este tipo de situaciones. Las siguientes generaciones entran a un juego en el cual ya no estás.

Y mi tiempo ya pasó. Mi generación se ha ido marchitando poco a poco. Muchos ni siquiera han vuelto. Aunque pueda aguantar, cada vez me resulta más difícil. Estar en pueblos con chavales bastante más jóvenes que un servidor, dándose empujones y dejándose el alma con canciones que uno ya llega a detestar, no todas. Lo mismo que hacías tu a edad e incluso con algún que otro año más. Cuando ves que empieza a avergonzarte todo eso, es que tu tiempo ha pasado.

Hay más asuntos que me he dejado en el tintero, pero no solo afectan a este verano que nos vuelve a dejar, cosas que quizás habríamos de reflexionar o por lo menos mejorar. Yo el primero, desde luego. El pueblo no es solo un mes, es todo un año y siempre hay momento para trasladarse en un futuro no muy lejano.


El saber no ocupa lugar y, por ello, que me gustaría saber vuestra opinión, vuestro pensamiento o cualquier tipo de reflexión sobre ese maravilloso mundo que nos une físicamente pocos días pero para siempre sentimentalmente.

jueves, 28 de agosto de 2014

El verano siempre vuelve

Todo lo que tiene un principio tiene un final. Y ya hemos llegado. Ya se terminó todo. Quedarán más fiestas por sitios más apartados, pero para muchos, el final ya llegó. Más rápido de lo que uno se pudiera imaginar.

Un agosto crepuscular nos avisa del cierre del telón. Las orquestas ya dejaron de tocar. No habrá más música en los frontones, ni más chiringuitos a los que pedir cubatas. Quien lo haga claro. Los pueblos vuelven a quedarse vacíos. Los pocos que aún aguantaban con gente a estas alturas. El octavo mes del año se vuelve a escapar.

La vuelta a casa se hace dura. Cruel. La maleta pesa como si de plomo fuera. Hace unas semanas resultaba más fácil. En ella metes todos esos momentos que has pasado estos días. Vuelve más llena que antes. Y no quieres cerrarla. Aunque cada año sabes que este momento llegará, es inevitable pasar por este trago.

Estás ausente en el coche. Muchos kilómetros en el más absoluto silencio. Tu móvil echa chispas. El típico grupo con tu gente no para. Y más cuando hace nada estaban contigo. Todos habláis de lo mismo. Tan cerca pero tan lejos a la vez. Como esos días que pasasteis hace escasas fechas.

No ha cambiado tu habitación. Pero se te hace extraño. Como si estuvieras en un lugar desconocido. Parece años desde que te marchaste pero apenas fueron unos días. Se te hace tan pequeña tu habitación. Incluso tu ciudad. Todo parece tan distinto aunque es el mismo sitio que habitas día tras día.

No quieres hacer nada. Solo quieres quedarte en casa. Que diferencia de hace escasas horas que no estabas nunca en ella. Las amistades de aquí tendrán que esperar más tiempo. Depresión post-vacaciones le llaman. Tu cabeza está lleno de nuevos recuerdos que no se van de tu cabeza. Ni se irán. Solo dejarán de chillar con el tiempo. Pero aún es pronto para eso.

Pero no todo es negativo. Vuelves con pilas cargas. Nuevas energías. Tienes retos por delante. Vendrán nuevas situaciones que afrontar. Nueva gente que aparecerá. E incluso el amor, dicen. Hay tantas cosas allí fuera que sería un error dejarlas escapar. Vendrán buenos tiempos, lo aseguro.

El tiempo pasará. Tan rápido como el mes que está a punto de dejarnos. En poco tiempo llegarán las navidades. Está lejano, pero llegará más pronto de lo que imaginas. Pasará el invierno. Dejaremos paulatinamente las prendas de abrigo que ahora tenemos más que olvidadas. Pasará el tiempo y volverá el verano.


Aún queda tiempo hasta el próximo agosto. Lo sé. Pero volverás a ver pronto a esa gente que te hace tan feliz unos días. Como también volverán esos momentos que no olvidarás. Y volverá a haber otro principio. Tiempo al tiempo. Volverás a vivir ese verano inolvidable.

sábado, 23 de agosto de 2014

Estado de paz

Tras días de excesos se han vivido otros de calma, de relax. No todos podemos seguir el calendario de fiestas sin perdonar alguna. Los años pasan y pesan.

Pero es una tragedia. Al contrario. Vives la otra cara del pueblo. La más saludable. La que se puede vivir el resto del tiempo, lejos del ajetreo veraniego.

Es en estos días donde tu rinconcito de paz coge todo su sentido. No hay trasnoches excesivos, ni resacas que lamentar. Te dejas llevar por la tranquilidad del lugar.

Paseos por esos paisajes y caminos que te conoces como la palma de tu mano. Aire puro que te oxigena de la monotonía. Conversaciones que te hacen olvidar.

El deporte rey es el frontón. Partidos largos y pelotas perdidas por los campos. La bicicleta es solo para el verano. Carreteras sin tráfico donde el cansancio incluso es llevadero. Es el momento de disfrutar del deporte.

Excursiones a parajes escondidos a la vista de los veraneantes. Trepar montañas, sortear cardos, saltar ríos. Toda una aventura para un cosmopolita.

Anochecer imborrable. En el cielo anaranjado de tu ciudad es imposible ver ese cuadro instaurado arriba ante tus ojos. No cuentas las estrellas, solo disfrutas de ella.

Nadie se cree que vas con chaquetilla en agosto. Fresco añorado en la vuelta a casa. Hasta en eso es diferente a lo que vives lejos de allí.

Ese lugar te da un respiro a tus problemas del resto del año. Son pocos días pero que te dan fuerza para caminar hacia delante. Unos segundos aquí son como días en tu localidad.

Tienes meses para esperar que llegue tu tregua, pero es innegociable el no escaparse. Que no te separen de tus momentos de paz.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Se cierra el telón

Se terminaron las fiestas. Otro año más se esfumaron en un abrir y cerrar de ojos esos días que tanto esperabas que llegaran. No puede ser más injusto.

Parece que fue ayer cuando se escaparon las del año anterior. El tiempo se burlaba de ti. A mayor ganas, más lento iba el calendario. No corría el reloj, creeías.

Pero lo hizo. Encontraste al esquivo agosto donde siempre estuvo y por fin llegaron esos días que señalas en rojo desde mucho tiempo atrás. ¡Párate tiempo!

Ese primer día desata el volcán de tus sentimientos encerrados. No hay restricción. No hay filtro. Ni siquiera un candado para tu bolsillo, que se vacía más rápidamente de lo que tu mente entenderá mañana.

Ebríos recuerdos de una noche deseada. Dormir es de cobardes. Pero la siesta es obligatoria. Cuánto más mayor te haces, más necesaria es. Aún quedan más energías que derrochar.

Gafas de sol como parte de tu piel. Ni la mejor máscara puede disimular tu escaso descanso. Pero no bajas el pistón. Otro día más en el fragor de la batalla. No hay prisioneros por las noches.

Último día. Llegas con la reserva. Tus fuerzas menguan. Pero tiras de clase. Ese día lo dejas todo a ritmo de esas canciones que gritas. No piensas en el mañana. Sabes que esto acabará con el sol despierto.

Todo acabó. Ya no tocará ninguna orquesta hoy. Te cuesta asimilarlo. Aunque sabes que terminó no eres consciente de lo que tardará en volver. Y de lo mucho que lo anhelarás durante el año.

Quedan más pueblos a los que ir. Más fiestas por delante. Pero no son las tuyas. Y se repetirá ese proceso imposible de alterar. Melancolía con ganas de volver a esos días felices. El reloj vuelve a correr. ¡Qué pase rápido el tiempo!

jueves, 7 de agosto de 2014

Los nervios del camino

Los días previos al viaje al paraíso se hace eterno. Sobre todo la semana anterior. Hasta que llegan esos días, los últimos en la ciudad, no te das cuenta que te vas a ir por fin a tu pueblo, tras muchos meses de estudio/trabajo agotador, en los cuales los fines de semana se hacían extremadamente cortos y ya necesitas esa dosis de forma inmediata.

A medida que se acerca la fecha de partida, realizas pequeñas acciones que llevan al viaje. En su mayoría son de cara al estilismo. Peluquería, ropa, complementos. Nunca está de más arriesgar un poco con el look propio. En verano se permite todo… o prácticamente todo. La mejor época para ello.

Vas cerrando el círculo. Te despides de tus amistades como si te fueras varios meses cuando son pocos días. Sabes de sobras que es algo distinto lo que vives allí. Como si de un mundo nuevo se tratase. Se perdió la magia de todo un verano lleno de anécdotas por culpa del Whatsapp. Ya no se condensa, se dan pequeños detalles durante tu estancia.

Y quedan solo escasas horas. Los nervios se apoderan de ti. Maleta llena hasta arriba. Nunca sabes si te vas a quedar corto. Más ropa olvidada. ¡Con lo que me ha costado cerrarla! Para el calor, para el frío. El tiempo variable no te ayuda en absoluto.  Y por si quedaba claro, otra mochila más pequeña. Definitivamente, es demasiado.

Te asaltan las dudas si te dejas algo. Creo que no… pero tengo la sensación de que sí. No hay vuelta atrás después de ponerse en marcha. Inoportuno recordatorio en plena A-2. Tampoco cabría en un coche lleno hasta la bandera. Ni un alfiler. No hay hueco para nada más. Las inmensas maletas no es lo único que lleváis.

Arrancas el viaje. El asiento de atrás queda ya lejos, aunque a veces tienes la suerte de no llevar el volante. Unos pequeños cabezazos con la música que has compilado especialmente para el trayecto, acorta el tiempo. Carretera buena que te permite descansar. Disfruta mientras puedas.

Cambio de terreno. Curvas y más curvas avisan de que quedan pocos kilómetros. Muchos menos, por lo menos. Más vegetación y nada de coches. Buen ritmo. Coche delante. Muy lento. Frenazo en cada curva. Incluso en las que no tienen nada de dificultad. Te empiezas a desesperar y ansías que te deje pasar. A veces hay suerte. Otras no.

Ya llegas. Ese camino te lo sabes de memoria. Lo has hecho tantas veces. Por la noche. E incluso en algún estado no tan recomendable. Curva de izquierdas. Otra de derechas. La sonrisa empieza a asomar a medida que te acercas a pasos agigantados. Ya tienes ganas de llegar.


Entrada triunfal. Miras por la ventanilla a ver si observas algo. Depende de las horas ni un alma. Muchas horas en el coche. Necesitas salir. Aire fresco, buen clima. Por fin llegaste. Vacías el maletero en un abrir y cerrar de ojos. Empieza el verano. Ese que tanto esperabas. Ese que recordarás por siempre.

martes, 5 de agosto de 2014

Canciones de ayer, hoy.

Si hay algo seguro en las fiestas, pase el tiempo que pase, es la música que va a sonar. Pocas novedades suelen haber, aunque las orquestas acaban metiendo alguna canción que ha sonado mucho meses antes o las típicas canciones de verano que cada vez más escasean. Desde los pasodobles hasta el rock, suenan las mismas melodías.

Son pocos días, casi ni un par de semanas, donde esas canciones que en tu día a día están de forma clandestina por las ondas (o no se escuchan directamente) y que tus amigos que no tienen pueblo ni conocen, suenan una y otra vez, al grito de las almas entregadas a la causa por el ebrio momento que están viviendo.

Y es allí, en ese lugar, donde se produce el fenómeno que me tiene totalmente fascinado: ver a gente cantando de memoria canciones que sonaron antes de nacer ellos mismos. Han conseguido ya no solo sobrevivir al paso del tiempo, si no también tener una vida ilimitada por el momento. Cualquier canción durante el resto del año, a no ser que sea una muy especial, pierde vida en menos de 1 año. ¿A qué ya ni os acordáis del Gangnam Style?

Reconozco que tengo esas canciones en varios CD’s y algunas llegaron vivas al MP3, pero ya no han llegado a la época de los móviles inteligentes. El inexorable paso del tiempo hizo en mella en mí y acabé un poco saturado de escucharlas una y otra vez hasta la llegada del verano. Hasta el punto de detestar algunas (un saludo a Mago de Oz y a Ska-P).

Pero, esto no se trata de mis hastíos personales, al contrario, de mi fascinación sobre ellas. Voy a dar un dato sobre un par de canciones que suenan más. Las canciones de Loquillo, tanto “El ritmo del garaje” como “Cadillac solitario” salieron en el año 1983, es decir, hace 31 años. La más “nueva” de todas esas últimas canciones es la ya mencionada “Fiesta pagana”, del año 2000. “Solo” 14 años.

Es evidente que el repertorio de las orquestas deja mucho que desear. Canciones repetidas año tras año, mínimas innovaciones, música pasada de rosca. Entre otras cosas. Ninguna arriesga más de la cuenta sabiendo que con esas canciones, más el efecto placebo del propio verano, van a encandilar al público.

Aunque todo esto no vale. Llega verano y pides esas canciones. Es el opio del pueblo. Llevas meses escuchando música de discoteca y en ese corto intervalo de tiempo quieres esas canciones que te sabes de memoria. Es la música de tu pueblo. Esa música que hace, también, especial a ese rincón.


Y en verano, quieres dar un vuelta con esa Chiquilla de nombre Dolores (se llamaba Lola), después de tanto Vicio tras muchos Litros de alcohol en esa Fiesta pagana en la que casi te peleas con un (So) payaso por que no te dejaba bailar El vals (del obrero) con ella, aunque esperas que tus rezos a Jesucristo (García) te den un poco (No hay) tregua para sentir El roce de su cuerpo aunque finalmente te quedas con las ganas y acabas en (El ritmo) del garaje pensando en que mañana toca Salir, beber, el rollo de siempre.

domingo, 3 de agosto de 2014

Representantes involuntarios

Desde pequeños, nos dicen que hay que tener modales y comportarse bien. Aunque al principio nos cuesta entenderlo, con el paso de los años, algunos más que otros, cogen el concepto, se comportan y se adecuan a las circunstancias para expresarse de un modo u otro, pero sin perder la compostura.

Esta introducción no es gratuita. Y no voy a ser yo quien dé lecciones de modales ni nada. Al contrario. Más que nada por qué no es un blog sobre ello. Pero, este concepto adaptándolo al pueblo tiene sus repercusiones. Repercusiones que puede conseguir que el comportamiento de unos pocos especímenes, dejen a un pueblo entero con una fama nefasta y que tarda mucho tiempo en quitarse.

Es algo habitual y qué, época tras época, suele cambiar de bando. Pueblos marcados en rojo por cuatro pelagatos. Es tan lamentable como cierto. Y lo peor es que no se intenta remediar ni siquiera por parte de gente del propio lugar afectado, que no son conscientes de la mala imagen que dan ellos hacia el exterior.

Cuando me iniciaba en el mundo de las fiestas, e incluso antes, recuerdo un pueblo señalado. Era Labros. Había un grupo de gente que la liaba allá por donde iba. Daba igual el lugar y de dónde eran. Su actitud era un esperpento hasta el punto de hacerlo incluso en inferioridad numérica en un pueblo donde, en caso de trifulca, tenían todas las de perder. Toda una lección táctica.

Esta fama que arrastraban, afectaban al punto más importante: sus fiestas. A pesar de caer en fin de semana, había pueblos que decidían tomarse “día de descanso” en esas fechas por los inexplicables actos de esa gente. Eso repercutía en el ambiente, en el número de asistentes y, sobretodo, en su economía. Menos gente, menos consumiciones. Y en época pre-botellón, que era aún peor.

Los años pasan para todos y esas broncas frecuentes fueron menguando hasta desaparecer. Gracias a eso y al buen hacer de las nuevas generaciones, esa fama acabó enterrándose hasta nuestros días, gozando de buena salud incluso sus fiestas, con un buen número de asistentes. El ejemplo claro de cómo girar las tornas
.
En el día de hoy, ese pueblo es Establés pero con consecuencias aún peores. Los actos vandálicos y cobardes de estos (pongan aquí la peor palabra que pase por su cabeza) consigue aislar del todo a su pueblo. En poco tiempo han conseguido ser el pueblo marcado para todos y al borde de consecuencias que pueden ser mucho peores. Lo lamento por el resto de habitantes. Y, advierto, que será difícil de reconducir a corto plazo.

Entre la actitud macarra de éstos y unas fechas desacertadas (cambiando de días, coincidiendo con otros pueblos) ha conseguido que ni siquiera las fiestas de ellos sean consideradas una opción para hacer el esfuerzo de ir. ¿Quién en su sano juicio iba a renunciar a fiestas con gente que se lleva bien por otras con gente conflictiva en un entorno que no te sientes a gusto? Blanco y en botella.

Lo que quiero decir, como reflexión, es que lo que nosotros hacemos pensando que son hechos aislados, supuestamente graciosos y de creernos “los putos amos”, realmente es la mayor estupidez que podamos hacer. Pensar que eso es algo divertido es ser mediocre. Y no pensar que puede tener consecuencias es de ser directamente corto. Y consecuencias, de un modo más light o de otro más excesivo, siempre hay.


Queramos o no, representamos a nuestro pueblo, a esa gente que se esforzó por qué hubiera fiestas en verano. Usar la cabeza, incluso en vacaciones, no es un delito. Antes de hacer el cabra, pensar y disfrutar de las vacaciones que están para disfrutar, no para lo contrario.

viernes, 1 de agosto de 2014

El ocaso de las "Peñas"

Las “Peñas” han muerto. Detrás de estas crudas palabras se encuentra una realidad que se está viviendo año tras año: la huida de la gente al acabar las orquestas. Ya no se abren en ningún lugar, o prácticamente en ninguno. Las “Peñas” han cerrado… ¿para siempre? Vayamos por pasos para explicar este proceso.

Hace muchos años, años después de instaurarse las orquestas, la gente aún tenía ganas de fiesta y las mal llamadas “Peñas” cumplían el papel de lugar donde seguir la noche hasta que el cuerpo aguantara, con más música (moderna se puede llamar) y donde se cerraban, o se abrían, los affaires iniciadas esa noche o las anteriores. Allí se reunía prácticamente la totalidad de la gente joven de todos los pueblos que iban esa noche.

Recuerdo, en esa etapa llamada adolescencia, iniciándome en estas lides. Veía ese lugar lleno y estaba sorprendido. No cabía un alfiler en ese pequeño lugar. Parecía un pub de cualquier ciudad (pequeña) a reventar. La gente no se marchaba aunque la orquesta terminara. La fiesta continuaba.

Yo recuerdo “Peñas” de pueblos inexplorados, que nos lo pasábamos mejor que la propia orquesta. Obviamente por la baja calidad de la misma. Pueblos como Canales de Molina o  Algar de Mesa, por decir dos que me han venido a la cabeza, destacaron más por ello que por la propia música contratada. E incluso otros pueblos más cercanos a nuestra zona. ¿Quién no recuerda “La Pocilga” de Tartanedo? Quizás el lugar más emblemático de los pueblos de alrededor.

Pero, con el paso del tiempo, al acabar la orquesta, la gente se marcha enseguida. Quitando los autóctonos y poco más, las ganas de fiesta de anteriores generaciones se han desvanecido en pocos años, haciendo que el abrir las propias “Peñas” sea un gesto inútil, solo para un grupo muy reducido de gente. Si me lo dicen hace unos años, no me lo creería.

¿Por qué este cambio? Sinceramente, se me escapa. Quizás falte más “sangre” en estas nuevas generaciones. Antes estar en un pueblo ajeno hasta altas horas, era un gran logro. Quedarse hasta que amaneciera era un hito. Ya no hay tanta interrelación entre pueblos como se daba en ese tiempo extra de la noche. Ahora es acabar e irse.

En estos últimos años se ha instaurado el poner música en la barra, cosa que me parece un acierto si la gente se queda. Poner música y seguir poniendo copas para que la gente siga, es algo necesario… si hay ganas, pero como digo, es algo que cada vez cuesta más ver. Un caso digno de mención es de Labros. Sus orquestas distan mucho de ser buenas (lo siento, pero es así), pero en cambio mejora mucho el post, donde un servidor se lo ha pasado bien.


Dudo mucho que las “Peñas” vuelvan a sentir el auge que tuvo en los 90 e inicio del 2000, pero aún mantengo un poco (casi minúsculo) de esperanza para ver esas ganas que veía yo de adolescente, que intenté mantener en mi época “dorada” y que ahora mismo no veo. Todo sea cambiar la mentalidad. Pero las “Peñas” cerraron para siempre. Se acabó la música.

lunes, 28 de julio de 2014

Saludos y despedidas

Finales de Julio. Principios de Agosto, normalmente. El pueblo se encuentra vacío prácticamente. Has abierto el pueblo. Encuentras esa tranquilidad que no existe en la gran ciudad de la ya querías escaparte. El año se ha hecho largo. Muy largo. Ni el aperitivo de Semana Santa ha servido para menguar tus ganas de ir.

La bicicleta es tu mejor amiga ante la falta de quehaceres. Paseos largos por esos parajes que te sabes de memoria pero que hay que hacer el reconocimiento de rigor. Aire fresco. Tranquilidad. Momentos imposibles allí de dónde vienes. Tampoco queda mucho tiempo para que esta calma dure.

Pocos sois los privilegiados que vivís estos momentos. Estudiantes en su mayoría. Algún trabajador en sus iniciadas vacaciones. Faltan días, escasos, para las fiestas. Lo que era un sitio desértico de gente, se irá llenando paulatinamente a media que esas señaladas fechas se aproximen a la velocidad de un parpadeo.

Cada año el mismo ritual. Besos a los recién llegados. ¿Qué tal la familia? Preguntas respondidas cada año igual. Brevemente. Un bien basta. Gente mayor básicamente. Explicación rápida de los 11 meses restantes. Tu vida resumida. Cortesía aplicada. Por el qué dirán.

Empiezan los juegos. Llega más gente. Saludos masivos a los recién llegados. Llegar en hora punta se convierte en una vorágine. En algunos casos, el “hola” serán las últimas palabras que cruces con esa gente. A no ser que toque Chiringuito. Los días pasan y cada esa tranquilidad de los primeros momentos ya se han esfumado. Lo esperado por otra parte.

Gente que apura su llegada. El pueblo se llena es cuestión de horas. ¡Quién lo diría! Saludos y más saludos. Las fiestas ya han llegado. A veces crees si queda más gente por saludar. Aunque lo dudes, queda. Parece que se acabaron las bienvenidas. Ahora solo quedan saludos para la gente de otros pueblos. Otro clásico.

Pasaron las orquestas. Llega el día 15. Empiezan las marchas. A no ser que haya un puente o fin de semana después. Las fiestas siguen en otros lugares. Sales a la calle por la tarde. Ya hay gente que se ha marchado. No hay tiempo de despedidas para ti a esas horas. Solo consigues despedirte de los más allegados. Lógico.

Se acaba el verano. El verano del pueblo, se entiende. Ya lejos quedaron las fiestas de tu propio pueblo. Vuelve esa paz inicial. Se te había hasta olvidado. Disfrutas de nuevo de la calma, pero con mucho trasnoche en el cuerpo. Necesitas ese descanso después de tantos días.


Vuelves a casa. Te despides de los mismos que te recibieron. Ya no queda nadie a quien despedir. Eres el último. Volverás el año que viene. ¿Qué tal la familia? Bien. Los clásicos no se pierden. Se cierra el telón.

domingo, 27 de julio de 2014

Por la noche

La noche. Igual a nuestros ojos, diferente a nuestra forma de vivirla. Desde nuestro amanecer hasta el atardecer, esa rotación de la tierra que le apaga la luz, es para nosotros un juego, una diversión, un momento de paz. Nuestro momento de lucidez en las noches estivales llega cuando el sol se esconde.

Toque de queda. Las 12 se convierte, para muchos, en el momento de regresar a casa. No hay vuelta atrás cuando llega esa hora límite y el día termina allí. El frontón se convierte en el sitio de encuentro para la chavalería. “La araña”, “Pi”, “El escondite”. Nadie quería ser “poli”. No se paraba de correr por el pueblo. O por los límites que cada uno pusiera.

La adolescencia se avista no muy lejos. Los juegos empiezan a olvidarse y nuevas inquietudes aparecen. Los/as chicos/as ya no solo son amigos/as. Líos y más líos. El inicio de ellos. El reloj ya marca más de esa hora maldita antaño. Te tumbas en la cuesta y miras las estrellas. ¡Cuántas hay! Nunca me había fijado. El silencio retumba en un pueblo que ya duerme.

Las fiestas de tu propio pueblo alcanzan otra dimensión. “Hasta que acabe la orquesta” es tu frase por bandera. Desde primera hora de la noche en primera línea. Como todos los de tu edad. ¿Por qué viene más tarde el resto si ya ha empezado? Ya lo entenderás más adelante. Canciones que estarán en tu cabeza durante años empiezan a asomar.

Tragos furtivos en sitios escondidos. Algún cigarrillo también. Primeros pasos por un mundo que acabará siendo habitual. Y nada oculto. La inocencia se pierde con cada copa desvirgada. Adiós a la “Coca Cola” sola a esas horas. Caras desconocidas que dejarán de serlo año tras año. Se abren nuevos horizontes más allá de tu pueblo.

Vives más de noche que de día, como dice la canción. Las noches se alargan hasta el amanecer. Desenfreno. Copas y más copas. Tantas que no caben en tu cuerpo. Primer estado lamentable en tu vida. No será la última. ¿Vamos a dar una vuelta? Besos en la oscuridad de cualquier lugar. Otra vuelta de tuerca.
Controlas tus límites. Eso no impide que alguna vez los sobrepases. Charlas y conversaciones con gente ya familiar. Ya no solo estás pendiente de los rollos. Te alegras de ver caras conocidas. ¿Y qué es de tu vida? Pregunta respondida año tras año. Aún hay novedades. Sigues pensando en cazar, no lo olvides.

Atrás quedaron tus noches sin recuerdos. Por fin, tras mucho tiempo, solo piensas con la cabeza. Vuelve a aparecer alguna mañana de esas que se quedaron atrás. Empiezas a recogerte antes que la noche pase a ser día. El ritmo frenético de otros años se te hace cuesta arriba. La tranquilidad es tu forma de vida.


Con el tiempo, recuerdas aquellos tiempos que veías las estrellas en la cuesta y ves como cambiaron las noches. Lejos queda esconderse en cualquier rincón. Como aquel primer beso que recordarás pase el tiempo que pase. Y es que casi todas las cosas pasan siempre en el mismo momento. Por la noche.

viernes, 18 de julio de 2014

Las otras fiestas

Las fiestas de tu pueblo son las mejores. Esa es la premisa de la que se parte cuando se habla con alguien sobre esos días de orquestas, alcohol y, en algunos casos, desenfreno. Es evidente que el prisma varía según el individuo, pero al ser nuestras propias fiestas en algunos casos la imagen se distorsiona… y a horario más intempestivo, más distorsionada está.

Pero, quitando nuestras  fiestas, siempre tenemos otro lugar en el cual disfrutamos mucho, hasta situarse justo por debajo de las propias, ¡qué ya son palabras mayores!  No sabemos por qué pero cogemos esas fiestas con ganas. Sea por la gente, por las ganas que las cogemos esos días, por cualquier tipo de circunstancia, pero ese pueblo es nuestro segundo sitio preferido.

No es tan fácil ocupar ese sitio. Hay enemistades entre varios de ellos durante largos años (¡un saludo Establés!) y llegar a ganarse un lugar importante en nuestras vidas pueblerinas, es algo difícil en estos tiempos. Pero ese es otro tema que ya abordaré más adelante.

Al final del verano, cuando haces un repaso de lo que han sido las fiestas, aparece en tu mente ese día, esa fiesta, lejos de tu sitio de confort, de tu pueblo. Como siempre, muchos de esos recuerdos están distorsionados por lo que lleva la noche en sí, pero lo disfrutaste y aún lo recuerdas.

Lo difícil es mantener ese status de “segunda fiesta”. Las orquestas son una lotería y nunca sabes si será buena o no, si conseguirás pasarlo tan bien como años anteriores en aquel lugar habitual, pero que miras con recelo. Y, habitualmente, sucede. Vuelven a ser las mejores fiestas… tras las tuyas, claro.

En mi caso, las mejores segundas fiestas eran las de Tartanedo. Cuando yo era un tierno niño e incluso casi adolescente, las fiestas estaban limitadas y eran esas fiestas, en el crepúsculo de las vacaciones, las que los padres accedían a llevarnos hasta horas muy cándidas, pero suficientes para nuestro afán de aquellas épocas. No existían las fiestas de Concha, lugar de reunión actualmente de los familiares.

Con el tiempo, cuando ya éramos adolescentes con las feromonas desatadas, esas fiestas cumplían un objetivo. Un último objetivo. Saciar la lívido. Aún más, en algunos casos. Todo llevaba a “La Pocilga”. Era final de trayecto para todas las breves historias estivales. Pero, con el tiempo, tras el cierre de la mítica peña del pueblo y los compromisos laborales, hicieron perdiera protagonismo en mi escalafón.

En la actualidad, tras esos y varios motivos más, tendría difícil decir quien ocupa ese lugar, pero seguramente me quedaría con las de Hinojosa, a pesar de lo ocurrido el año pasado (otro saludo al pueblo antes mencionado). Durante estos últimos años, se han ganado ese lugar en mis preferencias.


Pero cada año es diferente al anterior y perdonarme la obviedad. ¿En qué pueblo me lo pasaré casi tan bien como en el mío? ¿Dónde pasaré unas fiestas de risas y buenos momentos? ¿Cuáles serán las segundas fiestas?

jueves, 3 de julio de 2014

Julio de espera

En mi más tierna niñez, e incluso adolescente, el mes de julio se me hacía eterno. Eran mañanas viendo las típicas series juveniles de Antena 3. “Salvados por la campana”, “Sueños de California” y “Las gemelas de Sweet Valley” amenizaban verano tras verano la parrilla televisiva para los estudiantes que estaban ya de vacaciones. Literalmente, año tras año.

En esas épocas, sin poder adquisitivo y alejado del mundo de la fiesta, los días se hacían largos, eternos. No había mayor pasatiempo que estar un rato en el parque con los amigos, haciendo actividades tan sanas como jugar a fútbol o comer pipas, algo casi impensable en los tiempos actuales ante las nuevas generaciones. ¡Qué tiempos aquellos!

Era curioso estar ante todo un mes entero sin clases, ya finiquitadas por fin, pudiendo levantarse tarde (ya apuntaba maneras), jugar a la Super Nintendo durante horas y horas e incluso llegar relativamente tarde a casa, que los días parecían hasta que tenían más de 24 horas. Te sentías como Bill Murray en el día de la marmota en “Atrapado en el tiempo”.

A pesar de la lentitud del paso de los días, finalmente, ante tu sorpresa, los días avanzaban. Lentos, pero avanzaban. Tu fase cuando llega el calor los chicos se enamoran aumenta a medida que se acerca el anhelado viaje. Los recuerdos y la nostalgia cada día se acrecientan más y finalmente te olvidas que estás en tu ciudad para centrarte exclusivamente en el pueblo. Exceptuando, eso sí, los días de despedida de amigos/as que también se marchaban de vacaciones. ¿Sentirían lo mismo que yo? Te preguntabas vagamente.

Mi vara de medir era el Tour de Francia. Al durar 3 semanas, aún tenía una forma de pasar esas tardes de julio, pero cuando acababa la carrera, sabía que no quedaba nada para ir. Esa última semana, sin la carrera francesa, era emocionalmente caótica. Imaginaros como hubiera sido con la existencia de redes sociales o de móvil de nueva tecnología. Es más, de tener móvil, que se instauraron en la sociedad cerca de mi mayoría de edad.

Cuando quedaban ya solo escasas horas para irte, los nervios ya mandaban por ti. Equipaje y poca cosa más. Bueno, los deberes van contigo de vacaciones también. Todo lo necesario para estar casi un mes. Más que suficiente por poco que sea. Poca diferencia con lo que uno se lleva actualmente. El cargador del móvil que no falte. El resto de cosas no son importantes. Incluso la ropa, si me apuras.

Y así es julio. Mes amado para el estudiante por ser el primero entero de vacaciones, pero extraño para el que tiene un pueblo en el mes de agosto esperándolo. Eran sentimientos que no hace mucho tiempo existían, pero que ahora ha menguado con las nuevas generaciones y cambios de mentalidad de un tiempo a otro.


Julio, deja paso al agosto ya que lo voy a disfrutar más.

jueves, 26 de junio de 2014

Palomitas

Perdón por el retraso. De tiempo, añado. Los quehaceres me han impedido actualizar el blog con regularidad, pero prometo aumentar las entradas de los post. Una vez hechas las disculpas, vamos al meollo.

Cuando me preguntan qué espero del verano, que objetivos tengo (evidentemente, a ligues se refieren), en estos últimos años siempre digo lo mismo. Palomitas y a disfrutar. Ir a la barra, beber y a disfrutar del espectáculo que se produce año tras año con los diferentes, o habituales, protagonistas. Cualquier momento, sobre todo en esas horas muertas, es bueno para el particular “Sálvame Deluxe”. Líos, futuribles, cuernos. Todo vale.

Como dije y diré de forma habitual, hay varias fases o etapas. En el tema que nos compete, éstas vienen por la edad o más bien por la maduración, que como bien sabéis no tiene que ver con lo que marque el DNI. Pero, para concretar, diré que hay 3 etapas claras y quizá alguna complementaria. 3 etapas con sus diferentes patrones y que varían según las edades.

La primera etapa sería la etapa infantil. En este tiempo solo se piensa en jugar, estar en la calle, ir en bici. Las restricciones en los horarios. A las 12 de la noche en casa, como cenicienta. La merienda, la torta del panadero. Innegociable. No se piensa en las fiestas y ni siquiera sabes que días son. Es un mundo ajeno. Lo único que sabes de ellas es que hay juegos en los que te dan premios. Es la etapa más pura que hay: la niñez. Y toda esa pureza se diluye en la siguiente etapa.

La adolescencia-mayoría de edad. La testosterona piensa por uno mismo. Alcohol, chicos/as, excesos. Las fiestas se hacen necesarias y casi obligatorias. Conocer gente de otros pueblos en busca de rollos es el pan de cada día. La movilidad para ir a otros pueblos es reducida hasta que llega el coche, que te hace fijo en todas las fiestas habidas y por haber. Los cubatas hablan y actúan por ti. Nada nuevo bajo el sol. Durante años y años es el leitmotiv del/la joven. La experiencia empieza a manejar mejor las situaciones e incluso a veces, solo a veces, se controlan las altas cantidades de ingestas de alcohol. A pesar de todo esto, la mayoría de recuerdos son este período.

Y por último viene la madurez. Los desfases son muy esporádicos. Las fiestas cada vez pesan más. Se tira de clase, no de energías. Se intenta disfrutar del día, del descanso, del clima. El deporte vuelve a la primera línea de fuego. Las parejas te hacen reducir el tiempo de estancia o por lo menos a tomarse las cosas con mucha más tranquilidad. La juventud ya se esfumó, como dice la canción.

Evidentemente, hay más etapas, pero el escritor las desconoce, que tampoco tengo ni edad para ello y seguramente ni madurez, pero estas son las etapas que el escritor casual de este modesto blog, las ha vivido o está viviendo. Como siempre, está abierto a debate.

Cada época se disfruta según las circunstancias. Ahora disfruto con las palomitas. El buscar el amor (¿?) por los pueblos hace tiempo lo dejé atrás. O me dejó atrás él, seguramente. Se puede disfrutar siendo un espectador de lujo en la mejor butaca, sin ser el protagonista del verano. Y cada año suele haber nuevas interpretaciones. Sencillamente fantástico.

Y fuera de todas las quinielas, aunque nunca digas nunca, mi objetivo de este verano, como años anteriores es comer palomitas. Ya querréis tener un asiento algún día.

jueves, 12 de junio de 2014

Estados de espera

Una vez, alguien me dijo que la vida en el pueblo tendría que durar 11 meses y el trabajo, el restante. En su momento, con la depresión post-verano, pensaba lo mismo, pero después, con el paso del tiempo, no solo de paso de estaciones, sino también de años, vi que tampoco tendría que ser así. Quizás muchos me tacharán de loco, pero voy a intentar explicar mi teoría para que veáis otro punto de vista, pero es algo que explicaré más adelante, ya que va relacionado, en parte, con los diferentes estados en el tiempo que tenemos de verano a verano.

Antes de empezar a comentar estos estados de ánimo, hay que decir que según la edad van variando, pero hablaré sobre el estado más álgido de apego hacia nuestros queridos pueblos. Como he indicado antes, existe la depresión post-pueblo, el primer síntoma de todos. Normalmente se inicia cuando el coche pierde de vista a tu pueblo, sabiendo que es un viaje de retorno al mundo real, donde los recuerdos y vivencias invaden tu mente. Este estado se prolonga durante varios días e incluso semanas, según las ocupaciones, haciéndose patente  en la actualidad en las redes sociales con fotos, estados  y comentarios varios. Como si una noche pasada de copas fuera, la exaltación de la amistad se hace más patente y su eco retumba hasta que pasa septiembre y los recuerdos, como el clima, se empiezan a enfriar.

La siguiente etapa sería la de vuelvo en 10 minutos, disculpen las molestias. Evidentemente,  no son 10 minutos precisamente el tiempo de espera hasta que vuelven los primeros síntomas de nostalgia de cara al año siguiente. Este tiempo normalmente transcurre desde que desaparecen los recuerdos frescos del verano hasta los primeros síntomas de nostalgia. La vida cotidiana, en forma de estudios, trabajo, pareja y amigos, entre otras cosas, se apoderan de nuevo de nuestra rutina y aparcamos los cálidos días de agosto que cada vez parecen más lejanos. En este periodo, en ocasiones, algún flashback aparece repentinamente de la nada, pero habitualmente se queda en un breve buen recuerdo. La prolongación de esta etapa llega hasta Semana Santa para los que suelen (solemos) bajar en esos días, mientras que para el resto llega una vez finalizada la época de exámenes o la vuelta del calor a nuestras vidas.

La tercera etapa empieza de nuevo con la subida de temperaturas, como he indicado. Los que han asistido en Semana Santa tendrán recaídas más frecuentes hasta llegar a la penúltima etapa, que denomino cuando llegar el calor, los chicos se enamoran. En homenaje a ese dúo inolvidable Sonia y Selena, con la típica canción de verano, parte de la letra de la canción me viene bien para explicar la vuelta de la añoranza que perdimos después de la depresión post-pueblo. Cuando llega el calor, vuelve ese estado vivido un año atrás, de recuerdos, de alegrías. Vuelve el amor de verano. Y aunque la canción habla de chicos, esta fase no entiende de sexos, y las ganas de pueblo, de su gente, reaparecen con fuerza, creciendo y creciendo a medida que nos acercamos de nuevo a volver a la tierra prometida. En el mes de julio es donde esta etapa coge más fuerza. Conozco casos de gente que, después de meses de letargo, reaparecen ante el inminente encuentro que se avecina, para luego volver a desaparecer al finalizar la etapa post-depresión. En un caso extremo, pero en su esencia, es la base de esta etapa: las ganas de ir y de ver a la gente.

Y la última etapa es el éxtasis. Estás en el pueblo ya, en un entorno de fiesta, disfrutando de las vacaciones, de risas, de momentos que no se olvidarán pase el tiempo que pase, perdurarán. No importa ni el tiempo, ni el lugar, ni lo que pase en septiembre. Estás en el pueblo y es lo único que cuenta. Lo que se haga allí, es otra historia. Todo lo que diga, es quedarme corto.


Y vuelvo donde empecé. 11 meses al año pueblo, 1 en la vida real. Mi opinión: tanto tiempo en el pueblo no. Estas etapas que he dicho, que cada uno tendrá las suyas o las llamará de otro modo, son parte de la magia y la liturgia que es el pueblo. Por lo menos, parte de ella. Seguramente varios meses allí estaría bien, pero no tendríamos tiempo a echar de menos todos esos días, que se transforman en nuestro escape en los días malos que tenemos durante la rutina de la vida real. Lo bueno y breve, dos veces bueno.

domingo, 8 de junio de 2014

Los inicios nunca fueron fáciles

Después de mucho, mucho tiempo, dándole vueltas al asunto de hacer un blog, de escribir y demás pensamientos de alguien con demasiado tiempo libre, finalmente, he decidido meterme en este fregado.  Sinceramente, no soy un buen escritor, si se me permite usar este término, pero me gusta escribir. A mi manera, como dice la canción.

Después de decidirme a dar este paso, la siguiente cuestión era: ¿de qué voy a escribir? Podría meterme en temas de política o incluso de fútbol, algo muy recurrente y con muchas voces ya, tanto en medios de información, como por la red, por lo tanto, sería una opinión más de algo que tampoco me interesa darla (si alguien la quiere saber, puede preguntarme, por supuesto). Así, que después de descartar estos temas, por ahora, decidí escribir sobre algo que me gusta: el pueblo.

Sé que no todo el mundo tiene un pueblo donde ha pasado sus veranos, Semana Santa, puentes varios, pero los que tienen, saben de lo que hablo. Mi pueblo está en Guadalajara y se llama Anchuela del Campo. De lo que hable allí, será de cosas que he vivido, pienso u opino sobre, no solo mi propio pueblo, sino también de alrededores. Intentaré no ser “destroyer”, aunque mi naturaleza sea esa, pero no puedo prometer nada.

Finalmente, tras elegir el tema, busqué un nombre adecuado para el blog y ahí si tuve menos dudas. La inspiración, esa cosa que viene de vez en cuando de la nada, decidió que sería algo característico de los pueblos: frontón y guiñote. No podía faltar de ninguna manera este recinto músico-deportivo, estandarte visible en cualquier pueblo como es el frontón, el sitio más concurrido por todos. Como tampoco podía faltar el juego de cartas estrella de la zona, por mucho que el póker venga empujando fuerte. El guiñote es el único conducto de unión para todas las generaciones posibles durante los diferentes juegos que se realizan en fiestas y por ello, debe tener un sitio especial. Así que decidido: frontón y guiñote.


Espero que os guste lo que iré escribiendo y ya voy pidiendo perdón por las faltas que pueda cometer, que las haré, pero la intención es lo que cuenta. O eso dicen. Y espero también que participéis, aunque sé que suele costar.