Perdón por el retraso. De tiempo, añado. Los quehaceres me
han impedido actualizar el blog con regularidad, pero prometo aumentar las entradas
de los post. Una vez hechas las disculpas, vamos al meollo.
Cuando me preguntan qué espero del verano, que objetivos tengo (evidentemente, a ligues se refieren), en estos últimos años siempre digo lo mismo. Palomitas y a disfrutar. Ir a la barra, beber y a disfrutar del espectáculo que se produce año tras año con los diferentes, o habituales, protagonistas. Cualquier momento, sobre todo en esas horas muertas, es bueno para el particular “Sálvame Deluxe”. Líos, futuribles, cuernos. Todo vale.
Como dije y diré de forma habitual, hay varias fases o
etapas. En el tema que nos compete, éstas vienen por la edad o más bien por la
maduración, que como bien sabéis no tiene que ver con lo que marque el DNI.
Pero, para concretar, diré que hay 3 etapas claras y quizá alguna
complementaria. 3 etapas con sus diferentes patrones y que varían según las
edades.
La primera etapa sería la etapa infantil. En este tiempo
solo se piensa en jugar, estar en la calle, ir en bici. Las restricciones en
los horarios. A las 12 de la noche en casa, como cenicienta. La merienda, la
torta del panadero. Innegociable. No se piensa en las fiestas y ni siquiera
sabes que días son. Es un mundo ajeno. Lo único que sabes de ellas es que hay
juegos en los que te dan premios. Es la etapa más pura que hay: la niñez. Y
toda esa pureza se diluye en la siguiente etapa.
La adolescencia-mayoría de edad. La testosterona piensa por
uno mismo. Alcohol, chicos/as, excesos. Las fiestas se hacen necesarias y casi
obligatorias. Conocer gente de otros pueblos en busca de rollos es el pan de
cada día. La movilidad para ir a otros pueblos es reducida hasta que llega el
coche, que te hace fijo en todas las fiestas habidas y por haber. Los cubatas
hablan y actúan por ti. Nada nuevo bajo el sol. Durante años y años es el
leitmotiv del/la joven. La experiencia empieza a manejar mejor las situaciones
e incluso a veces, solo a veces, se controlan las altas cantidades de ingestas
de alcohol. A pesar de todo esto, la mayoría de recuerdos son este período.
Y por último viene la madurez. Los desfases son muy
esporádicos. Las fiestas cada vez pesan más. Se tira de clase, no de energías.
Se intenta disfrutar del día, del descanso, del clima. El deporte vuelve a la
primera línea de fuego. Las parejas te hacen reducir el tiempo de estancia o
por lo menos a tomarse las cosas con mucha más tranquilidad. La juventud ya se
esfumó, como dice la canción.
Evidentemente, hay más etapas, pero el escritor las
desconoce, que tampoco tengo ni edad para ello y seguramente ni madurez, pero
estas son las etapas que el escritor casual de este modesto blog, las ha vivido
o está viviendo. Como siempre, está abierto a debate.
Cada época se disfruta según las circunstancias. Ahora
disfruto con las palomitas. El buscar el amor (¿?) por los pueblos hace tiempo
lo dejé atrás. O me dejó atrás él, seguramente. Se puede disfrutar siendo un
espectador de lujo en la mejor butaca, sin ser el protagonista del verano. Y
cada año suele haber nuevas interpretaciones. Sencillamente fantástico.
Y fuera de todas las quinielas, aunque nunca digas nunca, mi
objetivo de este verano, como años anteriores es comer palomitas. Ya querréis
tener un asiento algún día.
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