miércoles, 26 de noviembre de 2014

El Gran Hermano


Recuerdo, en una fría Semana Santa de nuestro querido pueblo, como se hablaba de Gran Hermano, que empezaba justo el domingo de resurrección. Nadie sabía que era ese programa, pero muchos ya decían que estar en el pueblo era como Gran Hermano. Desde el desconocimiento, no les faltaba razón. Con el tiempo, se demostró, que esa afirmación no distaba mucho de la realidad.

El “Big Brother” era una personaje de la brillante obra de George Orwell, 1984, que controlaba dentro de una dictadura totalitaria a toda una sociedad, incluso interfiriendo en sus vidas privadas. De allí, se adaptó ese nombre para el programa de televisión, siendo el espectador el que observa y decide el futuro de un grupo de gente desconocida, bajo el control de un “Gran Hermano”. ¿Por qué esta introducción? Muy sencillo. Incluso por esas tierras que muchos compartimos, estamos observados, algo que retomaré más adelante.

Una de las frases que más se repite en el reallity por excelencia es: “todo se magnifica”. Esa frase repetida hasta la saciedad en todas las ediciones, puede ser el mejor paralelismo con la vida “real”, con la vida en el pueblo, con un “pero”: solo es válido en la juventud, sea física, como mentalmente, ya que no solo el D.N.I. marca la edad.

Amistad desmedida. Odios perpetuos. Amores eternos. Una mezcla explosiva para una ecuación con una caducidad no muy lejana. Se vive todo con una intensidad al límite, exponiéndonos sin protección emocional alguna durante ese tiempo limitado que tenemos por delante. No pensamos en el mañana, solo en el hoy. Como bien he dicho anteriormente, todo se magnifica.

Gente muy diversa unida por un lugar. De diferentes lugares, diferentes gustos, diferentes pensamientos. Solo ese rinconcito puede juntar a gente que en otra circunstancia, quizá, nunca lo estaría. Afinidades sorprendentes, complicidad espontanea, recuerdos grabados de esos días. El sitio nos trae, pero las emociones nos atan.

Noches de fiesta guiada por el alcohol. Alguna de ellas descontrolada. Te olvidas de todo. Incluso de si tienes pareja en algún lugar. Esos son los únicos ojos que no te ven. La culpa siempre la tendrán esas copas de más. Esos flechazos, esos pocos minutos de conversación, son los que marcan un verano entero.

Hay ojos por todas partes. No dudes que lo que hagas o incluso lo que no hagas, será visto y expandido por todos los rincones. No luches contra ello, se dirán miles de cosas sobre ti, algunas ciertas, otras, la mayoría, muy falsas. En cualquier rincón están, aunque parezca que no. Tu privacidad es pública, o es creen. Es irremediable.

Los días pasan y el pueblo pierde gente. Sus marchas te entristecen. Recuerdas como pasan los días, a qué velocidad, e incluso rememoras momentos que has disfrutado con los próximos retornados. Pocos quedáis, pero no hay ganador, ni premio para el náufrago. Todos perdemos. Se acerca el adiós.

Disfrutas del último día sabiendo que mañana se acaba. Los besos, las risas, los estados etílicos, el enfado,  las noches, el frío, la gente, todo se queda atrás. Se alargará un poco más, pero todo se termina. Todo lo que en poco tiempo se magnificó, se quedará  a un lado para seguir con tu vida. Lo que pasó allí, unos pocos los sabrán. Lo que pasó allí, solo tú recordarás.

Muchas similitudes entre el longevo programa y nuestro querido pueblo. No es lo mismo, ni mucho menos, una cosa con otra, pero, si algún día lo piensas, en esa vorágine de agosto, que quizá, solo quizá, hay alguien que te observa. Nada de lo sucedido ese mes se escapa. Nada queda fuera de lo que el Gran Hermano ve.

No hay comentarios:

Publicar un comentario