Recuerdo, en una fría Semana Santa de nuestro querido
pueblo, como se hablaba de Gran Hermano, que empezaba justo el domingo de
resurrección. Nadie sabía que era ese programa, pero muchos ya decían que estar
en el pueblo era como Gran Hermano. Desde el desconocimiento, no les faltaba
razón. Con el tiempo, se demostró, que esa afirmación no distaba mucho de la
realidad.
El “Big Brother” era una personaje de la brillante obra de
George Orwell, 1984, que controlaba dentro de una dictadura totalitaria a toda
una sociedad, incluso interfiriendo en sus vidas privadas. De allí, se adaptó
ese nombre para el programa de televisión, siendo el espectador el que observa
y decide el futuro de un grupo de gente desconocida, bajo el control de un
“Gran Hermano”. ¿Por qué esta introducción? Muy sencillo. Incluso por esas
tierras que muchos compartimos, estamos observados, algo que retomaré más
adelante.
Una de las frases que más se repite en el reallity por
excelencia es: “todo se magnifica”. Esa frase repetida hasta la saciedad en
todas las ediciones, puede ser el mejor paralelismo con la vida “real”, con la
vida en el pueblo, con un “pero”: solo es válido en la juventud, sea física,
como mentalmente, ya que no solo el D.N.I. marca la edad.
Amistad desmedida. Odios perpetuos. Amores eternos. Una
mezcla explosiva para una ecuación con una caducidad no muy lejana. Se vive
todo con una intensidad al límite, exponiéndonos sin protección emocional
alguna durante ese tiempo limitado que tenemos por delante. No pensamos en el
mañana, solo en el hoy. Como bien he dicho anteriormente, todo se magnifica.
Gente muy diversa unida por un lugar. De diferentes lugares,
diferentes gustos, diferentes pensamientos. Solo ese rinconcito puede juntar a
gente que en otra circunstancia, quizá, nunca lo estaría. Afinidades
sorprendentes, complicidad espontanea, recuerdos grabados de esos días. El sitio
nos trae, pero las emociones nos atan.
Noches de fiesta guiada por el alcohol. Alguna de ellas
descontrolada. Te olvidas de todo. Incluso de si tienes pareja en algún lugar.
Esos son los únicos ojos que no te ven. La culpa siempre la tendrán esas copas
de más. Esos flechazos, esos pocos minutos de conversación, son los que marcan
un verano entero.
Hay ojos por todas partes. No dudes que lo que hagas o
incluso lo que no hagas, será visto y expandido por todos los rincones. No
luches contra ello, se dirán miles de cosas sobre ti, algunas ciertas, otras,
la mayoría, muy falsas. En cualquier rincón están, aunque parezca que no. Tu
privacidad es pública, o es creen. Es irremediable.
Los días pasan y el pueblo pierde gente. Sus marchas te
entristecen. Recuerdas como pasan los días, a qué velocidad, e incluso
rememoras momentos que has disfrutado con los próximos retornados. Pocos
quedáis, pero no hay ganador, ni premio para el náufrago. Todos perdemos. Se
acerca el adiós.
Disfrutas del último día sabiendo que mañana se acaba. Los
besos, las risas, los estados etílicos, el enfado, las noches, el frío, la gente, todo se queda
atrás. Se alargará un poco más, pero todo se termina. Todo lo que en poco
tiempo se magnificó, se quedará a un
lado para seguir con tu vida. Lo que pasó allí, unos pocos los sabrán. Lo que
pasó allí, solo tú recordarás.
Muchas similitudes entre el longevo programa y nuestro
querido pueblo. No es lo mismo, ni mucho menos, una cosa con otra, pero, si algún
día lo piensas, en esa vorágine de agosto, que quizá, solo quizá, hay alguien
que te observa. Nada de lo sucedido ese mes se escapa. Nada queda fuera de lo
que el Gran Hermano ve.
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