martes, 5 de agosto de 2014

Canciones de ayer, hoy.

Si hay algo seguro en las fiestas, pase el tiempo que pase, es la música que va a sonar. Pocas novedades suelen haber, aunque las orquestas acaban metiendo alguna canción que ha sonado mucho meses antes o las típicas canciones de verano que cada vez más escasean. Desde los pasodobles hasta el rock, suenan las mismas melodías.

Son pocos días, casi ni un par de semanas, donde esas canciones que en tu día a día están de forma clandestina por las ondas (o no se escuchan directamente) y que tus amigos que no tienen pueblo ni conocen, suenan una y otra vez, al grito de las almas entregadas a la causa por el ebrio momento que están viviendo.

Y es allí, en ese lugar, donde se produce el fenómeno que me tiene totalmente fascinado: ver a gente cantando de memoria canciones que sonaron antes de nacer ellos mismos. Han conseguido ya no solo sobrevivir al paso del tiempo, si no también tener una vida ilimitada por el momento. Cualquier canción durante el resto del año, a no ser que sea una muy especial, pierde vida en menos de 1 año. ¿A qué ya ni os acordáis del Gangnam Style?

Reconozco que tengo esas canciones en varios CD’s y algunas llegaron vivas al MP3, pero ya no han llegado a la época de los móviles inteligentes. El inexorable paso del tiempo hizo en mella en mí y acabé un poco saturado de escucharlas una y otra vez hasta la llegada del verano. Hasta el punto de detestar algunas (un saludo a Mago de Oz y a Ska-P).

Pero, esto no se trata de mis hastíos personales, al contrario, de mi fascinación sobre ellas. Voy a dar un dato sobre un par de canciones que suenan más. Las canciones de Loquillo, tanto “El ritmo del garaje” como “Cadillac solitario” salieron en el año 1983, es decir, hace 31 años. La más “nueva” de todas esas últimas canciones es la ya mencionada “Fiesta pagana”, del año 2000. “Solo” 14 años.

Es evidente que el repertorio de las orquestas deja mucho que desear. Canciones repetidas año tras año, mínimas innovaciones, música pasada de rosca. Entre otras cosas. Ninguna arriesga más de la cuenta sabiendo que con esas canciones, más el efecto placebo del propio verano, van a encandilar al público.

Aunque todo esto no vale. Llega verano y pides esas canciones. Es el opio del pueblo. Llevas meses escuchando música de discoteca y en ese corto intervalo de tiempo quieres esas canciones que te sabes de memoria. Es la música de tu pueblo. Esa música que hace, también, especial a ese rincón.


Y en verano, quieres dar un vuelta con esa Chiquilla de nombre Dolores (se llamaba Lola), después de tanto Vicio tras muchos Litros de alcohol en esa Fiesta pagana en la que casi te peleas con un (So) payaso por que no te dejaba bailar El vals (del obrero) con ella, aunque esperas que tus rezos a Jesucristo (García) te den un poco (No hay) tregua para sentir El roce de su cuerpo aunque finalmente te quedas con las ganas y acabas en (El ritmo) del garaje pensando en que mañana toca Salir, beber, el rollo de siempre.

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