jueves, 26 de junio de 2014

Palomitas

Perdón por el retraso. De tiempo, añado. Los quehaceres me han impedido actualizar el blog con regularidad, pero prometo aumentar las entradas de los post. Una vez hechas las disculpas, vamos al meollo.

Cuando me preguntan qué espero del verano, que objetivos tengo (evidentemente, a ligues se refieren), en estos últimos años siempre digo lo mismo. Palomitas y a disfrutar. Ir a la barra, beber y a disfrutar del espectáculo que se produce año tras año con los diferentes, o habituales, protagonistas. Cualquier momento, sobre todo en esas horas muertas, es bueno para el particular “Sálvame Deluxe”. Líos, futuribles, cuernos. Todo vale.

Como dije y diré de forma habitual, hay varias fases o etapas. En el tema que nos compete, éstas vienen por la edad o más bien por la maduración, que como bien sabéis no tiene que ver con lo que marque el DNI. Pero, para concretar, diré que hay 3 etapas claras y quizá alguna complementaria. 3 etapas con sus diferentes patrones y que varían según las edades.

La primera etapa sería la etapa infantil. En este tiempo solo se piensa en jugar, estar en la calle, ir en bici. Las restricciones en los horarios. A las 12 de la noche en casa, como cenicienta. La merienda, la torta del panadero. Innegociable. No se piensa en las fiestas y ni siquiera sabes que días son. Es un mundo ajeno. Lo único que sabes de ellas es que hay juegos en los que te dan premios. Es la etapa más pura que hay: la niñez. Y toda esa pureza se diluye en la siguiente etapa.

La adolescencia-mayoría de edad. La testosterona piensa por uno mismo. Alcohol, chicos/as, excesos. Las fiestas se hacen necesarias y casi obligatorias. Conocer gente de otros pueblos en busca de rollos es el pan de cada día. La movilidad para ir a otros pueblos es reducida hasta que llega el coche, que te hace fijo en todas las fiestas habidas y por haber. Los cubatas hablan y actúan por ti. Nada nuevo bajo el sol. Durante años y años es el leitmotiv del/la joven. La experiencia empieza a manejar mejor las situaciones e incluso a veces, solo a veces, se controlan las altas cantidades de ingestas de alcohol. A pesar de todo esto, la mayoría de recuerdos son este período.

Y por último viene la madurez. Los desfases son muy esporádicos. Las fiestas cada vez pesan más. Se tira de clase, no de energías. Se intenta disfrutar del día, del descanso, del clima. El deporte vuelve a la primera línea de fuego. Las parejas te hacen reducir el tiempo de estancia o por lo menos a tomarse las cosas con mucha más tranquilidad. La juventud ya se esfumó, como dice la canción.

Evidentemente, hay más etapas, pero el escritor las desconoce, que tampoco tengo ni edad para ello y seguramente ni madurez, pero estas son las etapas que el escritor casual de este modesto blog, las ha vivido o está viviendo. Como siempre, está abierto a debate.

Cada época se disfruta según las circunstancias. Ahora disfruto con las palomitas. El buscar el amor (¿?) por los pueblos hace tiempo lo dejé atrás. O me dejó atrás él, seguramente. Se puede disfrutar siendo un espectador de lujo en la mejor butaca, sin ser el protagonista del verano. Y cada año suele haber nuevas interpretaciones. Sencillamente fantástico.

Y fuera de todas las quinielas, aunque nunca digas nunca, mi objetivo de este verano, como años anteriores es comer palomitas. Ya querréis tener un asiento algún día.

jueves, 12 de junio de 2014

Estados de espera

Una vez, alguien me dijo que la vida en el pueblo tendría que durar 11 meses y el trabajo, el restante. En su momento, con la depresión post-verano, pensaba lo mismo, pero después, con el paso del tiempo, no solo de paso de estaciones, sino también de años, vi que tampoco tendría que ser así. Quizás muchos me tacharán de loco, pero voy a intentar explicar mi teoría para que veáis otro punto de vista, pero es algo que explicaré más adelante, ya que va relacionado, en parte, con los diferentes estados en el tiempo que tenemos de verano a verano.

Antes de empezar a comentar estos estados de ánimo, hay que decir que según la edad van variando, pero hablaré sobre el estado más álgido de apego hacia nuestros queridos pueblos. Como he indicado antes, existe la depresión post-pueblo, el primer síntoma de todos. Normalmente se inicia cuando el coche pierde de vista a tu pueblo, sabiendo que es un viaje de retorno al mundo real, donde los recuerdos y vivencias invaden tu mente. Este estado se prolonga durante varios días e incluso semanas, según las ocupaciones, haciéndose patente  en la actualidad en las redes sociales con fotos, estados  y comentarios varios. Como si una noche pasada de copas fuera, la exaltación de la amistad se hace más patente y su eco retumba hasta que pasa septiembre y los recuerdos, como el clima, se empiezan a enfriar.

La siguiente etapa sería la de vuelvo en 10 minutos, disculpen las molestias. Evidentemente,  no son 10 minutos precisamente el tiempo de espera hasta que vuelven los primeros síntomas de nostalgia de cara al año siguiente. Este tiempo normalmente transcurre desde que desaparecen los recuerdos frescos del verano hasta los primeros síntomas de nostalgia. La vida cotidiana, en forma de estudios, trabajo, pareja y amigos, entre otras cosas, se apoderan de nuevo de nuestra rutina y aparcamos los cálidos días de agosto que cada vez parecen más lejanos. En este periodo, en ocasiones, algún flashback aparece repentinamente de la nada, pero habitualmente se queda en un breve buen recuerdo. La prolongación de esta etapa llega hasta Semana Santa para los que suelen (solemos) bajar en esos días, mientras que para el resto llega una vez finalizada la época de exámenes o la vuelta del calor a nuestras vidas.

La tercera etapa empieza de nuevo con la subida de temperaturas, como he indicado. Los que han asistido en Semana Santa tendrán recaídas más frecuentes hasta llegar a la penúltima etapa, que denomino cuando llegar el calor, los chicos se enamoran. En homenaje a ese dúo inolvidable Sonia y Selena, con la típica canción de verano, parte de la letra de la canción me viene bien para explicar la vuelta de la añoranza que perdimos después de la depresión post-pueblo. Cuando llega el calor, vuelve ese estado vivido un año atrás, de recuerdos, de alegrías. Vuelve el amor de verano. Y aunque la canción habla de chicos, esta fase no entiende de sexos, y las ganas de pueblo, de su gente, reaparecen con fuerza, creciendo y creciendo a medida que nos acercamos de nuevo a volver a la tierra prometida. En el mes de julio es donde esta etapa coge más fuerza. Conozco casos de gente que, después de meses de letargo, reaparecen ante el inminente encuentro que se avecina, para luego volver a desaparecer al finalizar la etapa post-depresión. En un caso extremo, pero en su esencia, es la base de esta etapa: las ganas de ir y de ver a la gente.

Y la última etapa es el éxtasis. Estás en el pueblo ya, en un entorno de fiesta, disfrutando de las vacaciones, de risas, de momentos que no se olvidarán pase el tiempo que pase, perdurarán. No importa ni el tiempo, ni el lugar, ni lo que pase en septiembre. Estás en el pueblo y es lo único que cuenta. Lo que se haga allí, es otra historia. Todo lo que diga, es quedarme corto.


Y vuelvo donde empecé. 11 meses al año pueblo, 1 en la vida real. Mi opinión: tanto tiempo en el pueblo no. Estas etapas que he dicho, que cada uno tendrá las suyas o las llamará de otro modo, son parte de la magia y la liturgia que es el pueblo. Por lo menos, parte de ella. Seguramente varios meses allí estaría bien, pero no tendríamos tiempo a echar de menos todos esos días, que se transforman en nuestro escape en los días malos que tenemos durante la rutina de la vida real. Lo bueno y breve, dos veces bueno.

domingo, 8 de junio de 2014

Los inicios nunca fueron fáciles

Después de mucho, mucho tiempo, dándole vueltas al asunto de hacer un blog, de escribir y demás pensamientos de alguien con demasiado tiempo libre, finalmente, he decidido meterme en este fregado.  Sinceramente, no soy un buen escritor, si se me permite usar este término, pero me gusta escribir. A mi manera, como dice la canción.

Después de decidirme a dar este paso, la siguiente cuestión era: ¿de qué voy a escribir? Podría meterme en temas de política o incluso de fútbol, algo muy recurrente y con muchas voces ya, tanto en medios de información, como por la red, por lo tanto, sería una opinión más de algo que tampoco me interesa darla (si alguien la quiere saber, puede preguntarme, por supuesto). Así, que después de descartar estos temas, por ahora, decidí escribir sobre algo que me gusta: el pueblo.

Sé que no todo el mundo tiene un pueblo donde ha pasado sus veranos, Semana Santa, puentes varios, pero los que tienen, saben de lo que hablo. Mi pueblo está en Guadalajara y se llama Anchuela del Campo. De lo que hable allí, será de cosas que he vivido, pienso u opino sobre, no solo mi propio pueblo, sino también de alrededores. Intentaré no ser “destroyer”, aunque mi naturaleza sea esa, pero no puedo prometer nada.

Finalmente, tras elegir el tema, busqué un nombre adecuado para el blog y ahí si tuve menos dudas. La inspiración, esa cosa que viene de vez en cuando de la nada, decidió que sería algo característico de los pueblos: frontón y guiñote. No podía faltar de ninguna manera este recinto músico-deportivo, estandarte visible en cualquier pueblo como es el frontón, el sitio más concurrido por todos. Como tampoco podía faltar el juego de cartas estrella de la zona, por mucho que el póker venga empujando fuerte. El guiñote es el único conducto de unión para todas las generaciones posibles durante los diferentes juegos que se realizan en fiestas y por ello, debe tener un sitio especial. Así que decidido: frontón y guiñote.


Espero que os guste lo que iré escribiendo y ya voy pidiendo perdón por las faltas que pueda cometer, que las haré, pero la intención es lo que cuenta. O eso dicen. Y espero también que participéis, aunque sé que suele costar.