Hace días que no escribo nada en este humilde blog. La
resaca del pueblo se pasó hace tiempo. Y he de decir, que con más rapidez de lo
que esperaba, tras pasar un verano entero (ya me entendéis con eso de entero)
por nuestras queridas tierras. Será cosa de la edad, quizás. Aunque seguramente
ya avanzado el mes de septiembre muchos de vosotros, si alguno quedaba, ya
volvéis a estar concentrados en el mundo real.
Justo hace un mes estábamos, lo más afortunados, en el
epílogo del epílogo. En esa última noche donde pasan demasiadas cosas para ser
solo una. Esa última orquesta tocando las canciones de siempre por última vez
hasta el próximo año. Esos últimos instantes con esa gente de alrededores de
los que sabrás de su vida por Facebook.
Después de tanto tiempo y con el adiós del verano,
oficialmente, en frío, y no lo digo por el tiempo, se puede analizar lo que ha
sido este mes de agosto desde mi perspectiva, que no será la de todos
obviamente. No quiero es un resumen. Seguramente solo sea una opinión. Y todos
tenemos una desde luego.
Y mi análisis se resume en una palabra: tranquilo. Me explico. Tanto para bien como para mal, no ha habido
incidentes entre pueblos, muy lejos de los vistos en años anteriores (se
agradece por otra parte). Y en los amores de verano pocas han sorprendido,
aunque siempre hay alguna que sí. También he de decir que estoy ya bastante
lejos del fragor de la batalla y habrá cosas que se me escapen, pero esa
perspectiva no la vi otros años.
Lo de tranquilo es algo relativo como habéis podido
imaginar. Es evidente que siempre ocurren momentos, situaciones, relaciones.
Los protagonistas cambiarán, pero, por mínimas que sean, las interrelaciones de
la gente de los pueblos, tanto positivamente como no, sucederán. Y cada vez,
como le ha ocurrido a este humilde escritor, te pillarán más de lejos este tipo
de situaciones. Las siguientes generaciones entran a un juego en el cual ya no
estás.
Y mi tiempo ya pasó. Mi generación se ha ido marchitando
poco a poco. Muchos ni siquiera han vuelto. Aunque pueda aguantar, cada vez me
resulta más difícil. Estar en pueblos con chavales bastante más jóvenes que un
servidor, dándose empujones y dejándose el alma con canciones que uno ya llega
a detestar, no todas. Lo mismo que hacías tu a edad e incluso con algún que
otro año más. Cuando ves que empieza a avergonzarte todo eso, es que tu tiempo
ha pasado.
Hay más asuntos que me he dejado en el tintero, pero no solo
afectan a este verano que nos vuelve a dejar, cosas que quizás habríamos de
reflexionar o por lo menos mejorar. Yo el primero, desde luego. El pueblo no es
solo un mes, es todo un año y siempre hay momento para trasladarse en un futuro
no muy lejano.
El saber no ocupa lugar y, por ello, que me gustaría saber
vuestra opinión, vuestro pensamiento o cualquier tipo de reflexión sobre ese
maravilloso mundo que nos une físicamente pocos días pero para siempre
sentimentalmente.
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