jueves, 7 de agosto de 2014

Los nervios del camino

Los días previos al viaje al paraíso se hace eterno. Sobre todo la semana anterior. Hasta que llegan esos días, los últimos en la ciudad, no te das cuenta que te vas a ir por fin a tu pueblo, tras muchos meses de estudio/trabajo agotador, en los cuales los fines de semana se hacían extremadamente cortos y ya necesitas esa dosis de forma inmediata.

A medida que se acerca la fecha de partida, realizas pequeñas acciones que llevan al viaje. En su mayoría son de cara al estilismo. Peluquería, ropa, complementos. Nunca está de más arriesgar un poco con el look propio. En verano se permite todo… o prácticamente todo. La mejor época para ello.

Vas cerrando el círculo. Te despides de tus amistades como si te fueras varios meses cuando son pocos días. Sabes de sobras que es algo distinto lo que vives allí. Como si de un mundo nuevo se tratase. Se perdió la magia de todo un verano lleno de anécdotas por culpa del Whatsapp. Ya no se condensa, se dan pequeños detalles durante tu estancia.

Y quedan solo escasas horas. Los nervios se apoderan de ti. Maleta llena hasta arriba. Nunca sabes si te vas a quedar corto. Más ropa olvidada. ¡Con lo que me ha costado cerrarla! Para el calor, para el frío. El tiempo variable no te ayuda en absoluto.  Y por si quedaba claro, otra mochila más pequeña. Definitivamente, es demasiado.

Te asaltan las dudas si te dejas algo. Creo que no… pero tengo la sensación de que sí. No hay vuelta atrás después de ponerse en marcha. Inoportuno recordatorio en plena A-2. Tampoco cabría en un coche lleno hasta la bandera. Ni un alfiler. No hay hueco para nada más. Las inmensas maletas no es lo único que lleváis.

Arrancas el viaje. El asiento de atrás queda ya lejos, aunque a veces tienes la suerte de no llevar el volante. Unos pequeños cabezazos con la música que has compilado especialmente para el trayecto, acorta el tiempo. Carretera buena que te permite descansar. Disfruta mientras puedas.

Cambio de terreno. Curvas y más curvas avisan de que quedan pocos kilómetros. Muchos menos, por lo menos. Más vegetación y nada de coches. Buen ritmo. Coche delante. Muy lento. Frenazo en cada curva. Incluso en las que no tienen nada de dificultad. Te empiezas a desesperar y ansías que te deje pasar. A veces hay suerte. Otras no.

Ya llegas. Ese camino te lo sabes de memoria. Lo has hecho tantas veces. Por la noche. E incluso en algún estado no tan recomendable. Curva de izquierdas. Otra de derechas. La sonrisa empieza a asomar a medida que te acercas a pasos agigantados. Ya tienes ganas de llegar.


Entrada triunfal. Miras por la ventanilla a ver si observas algo. Depende de las horas ni un alma. Muchas horas en el coche. Necesitas salir. Aire fresco, buen clima. Por fin llegaste. Vacías el maletero en un abrir y cerrar de ojos. Empieza el verano. Ese que tanto esperabas. Ese que recordarás por siempre.

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