Con el tiempo, las cosas van cambiando. Las costumbres, la
forma de pensar, los gustos. Las personas, incluso. Lo que antes era lo que
denominamos estar de moda, se queda atrás y solamente, en pequeñas dosis, acaba
teniendo momentos de repunte. Lo vintage suele volver. Vemos como todo sigue y,
si no seguimos ese ritmo, nos vamos a quedar desfasados. Cosas de la edad.
La música que era nueva para ti, muchos años después, sigue
sonando. Quizás es lo único que aguanta después de todo. Pero, ¿y todo lo
demás? Se perdió por el camino. Como tú, aunque no lo hayas visto. O aceptado.
Cuestión de perspectiva. Y te puedes esforzar por revertir eso, sin duda. Pero,
como he dicho antes, todo cambia.
Uno de esos cambios es el estilo. La forma de vestir, vaya.
Cuando menos te lo esperas, ese cambio ya se ha producido. Te cuestionas muchas
cosas. ¿En serio eso es lo que se lleva ahora? Y no es por el famoso tractor.
Si ya te estás formulando esta pregunta, enhorabuena, ya no formas parte de la
moda. O has madurado, que ya lo siento. O te has hecho mayor, que lo sigo
sintiendo aún más.
En la niñez, la mía al menos, todo era más natural. Cuando
llegaba la noche, no había mucha diferencia por el día. Se aparcaba el chándal por
unos pantalones, pero poco más. No dejaban de ser las fiestas del pueblo. No se
miraba en exceso el estar mudado, como dicen las abuelas, para ese
acontecimiento. Hasta que llegaron los 90 y eso cambió. La semilla de lo que
fue pasando después, se plantó en esa época.
Cuando eres (era) niño, no te importa en absoluto. Las
bermudas cantosas, las camisetas con dibujos sonrojantes y las zapatillas que
usabas para correr, servían como atuendo para la noche. Total, si apenas ibas a
durar unas pocas horas. A las 12 en punto de la noche ya estabas en el frontón.
No parabas en todo el rato. Hasta el descanso. O antes incluso. Tu noche ya
había terminado.
Si en los 80 las hombreras era lo más vistoso, en los 90,
sin duda, fue la ropa tejana. Ese era el paso definitivo a ponerte decente.
Pantalones y chaqueta, por supuesto. Hasta el peinado te lo mirabas. Y la
colonia no podía faltar. El mundo se empezaba a extender para ti. Y quedándote
hasta el final, casi siempre, podías ver más. Era el inicio de algo que te iba
a acompañar en cada una de las fiestas de aquí en adelante.
El cambio de milenio marcaba otro punto y aparte en este
sentido. Se arriesgaban más los looks. Teñirse el pelo, ropa más ceñida y
camisetas sin manga. Sin darme cuenta, me he descrito hace unos 15 años. Ibas
con tus mejores galas, o eso creías, para impresionar a las visitantes. O los
visitantes, en el caso contrario. Le dedicas un buen tiempo a tu estética. No
dejas nada al azar. Y más si sales cada noche.
La moderación va llegando. Los tejanos serán tu fiel
acompañante. Camisetas más holgadas o camisas y chaqueta. Ya no hacen noches
cálidas. Por lo menos tantas. Con los años, será justo al contrario. Hay un
equilibrio ficticio entre la cordura y la testosterona. Cuidas tu imagen, pero
no tanto como antes. Algún día decides ni siquiera hacerlo.
Algo que se hace de forma habitual cuando los 20 ya se han
largado o están cercanos a hacerlo. No te importa ponerte la típica prenda que
se pone en venta en los pueblos. La sudadera es un gran invento, os lo prometo.
No miras mucho la ropa. A veces, hasta con camisetas de fútbol. Otra referencia
a este cada vez más dejado escritor. Definitivamente, te importa un pimiento, con
perdón, como te vea la gente. Solo quieres ir cómodo. Eso sí, en tus fiestas,
de punta en blanco. Las del resto ya es otra historia.
En el caso de las chicas se nota, sobretodo, en el
maquillaje. En algunos casos es llamativo. Por la noche se convierte, prácticamente,
en otra persona. Resaltan más. Dedican
mucho tiempo a esa liturgia. Peinado, ropa, pinturas. Todo está perfectamente
calculado. Tiene mérito que todo combine. Y que en 1 mes, apenas haya
repetición de vestuario. Sin duda, en eso, son únicas.
Y llegamos a nuestros tiempos. Esclavos de la moda. Ya no se
repite alguna prenda. Se repite estilo completo. Hasta el punto de ser
fotocopias. Diferencias mínimas en general. El estilo propio se ha convertido
en el estilo universal. Las redes sociales tienen mucha culpa seguramente. Y
cada vez, desde edades más tempranas.
Pero es su época. La que le has tocado vivir. Seguramente,
en otra distinta, estarían aclimatados a ella. Y cuando vayan creciendo,
incluso, tendrán vergüenza ajena al verse. Como la hemos tenido todos en algún
momento. Maldita hemeroteca. Cualquier tiempo pasado fue mejor, pensamos. El
tiempo se viste a su manera. De la forma que un día, fuimos también esclavos.