En este serial que, finalmente, me ha dado tiempo a acabar
antes de mi marcha, os he ido hablando como visitante en los, vuestros,
diferentes pueblos de la zona. He ido describiendo, de forma más o menos
acertada, los nombres de las calles que hemos pasado varias veces pero que no
nos fijamos más allá de los pasos que damos. Pues esta vez, voy a hablar como
visitado. Voy a hablar de Anchuela.
Lo bueno de Anchuela es que es bastante pequeño. No es algo
que os coja de sorpresa. De hecho, la vuelta al pueblo entera, tiene 600
metros. Calculados. No es un pueblo con excesiva subida, ni muchas calles.
Pero, como suelo decir, cada pueblo tiene su encanto. Unes eso y que son las primeras
fiestas y cambia la perspectiva.
Como en el caso de Turmiel, la carretera que pasa es la
CM-2107, que viene de Milmarcos y que termina, como indiqué, en Anquela del
Ducado. La gente de Concha puede venir por el camino, de hecho, lo suelen
hacer, pero no es tan agradecido como ir a Tartanedo. Si vienes por ese sector,
el de la mayoría, lo primero que vas a ver es el parque nuevo y el frontón.
Para los más jóvenes o desmemoriados, hace unos años, había una charca que, sin
ser nada del otro mundo, le teníamos un cariño asociado también a la niñez.
Aunque, incluso ahora, la prefiero antes que al parque. Cuestión de gustos.
El frontón, o juego de pelota como se llamaba al principio,
está situada en la Calle Real, como la plaza donde ponemos también el chiringuito.
Esa calle es la más larga del pueblo. Cosa que tampoco es harto difícil. Supera
esa doble curva donde a veces se sitúa la gente en fiestas, sobre todo de
Establés, y se prolonga hasta el edificio más alto del pueblo, que es el
palomar. Realmente es una casa habitada, no os engañéis. Desde ahí, empieza la
Calle Mayor.
Pero, antes, de entrar en esta calle, voy a desgranar sitios
no tan visibles pero importantes para nosotros. Uno de ellos, justo antes de
llegar al palomar, hay un camino que te lleva a una explanada más o menos
recta. Mi generación la llamaba rincón. Eso sí, pronunciándolo en inglés de la
tierra. Es decir: raicon. Sí, yo
tampoco me lo explico. Es un buen sitio para mirar las estrellas o charlas.
Aunque hace bastante que no voy, los primeros o últimos días de verano, sin
fiestas, es un buen sitio para reflexionar.
El otro sitio emblemático y escondido es el Peñón. Hay otro
camino al lado del palomar, en este caso,
justo el primer camino al empezar con la Calle Mayor, que te lleva a allí.
Hay que caminar entre piedras y cardos, pero finalmente llegas. No es el sitio
más cómodo para estar con alguien, pero el cielo de Guadalajara nos regala
siempre buenos paisajes. Aunque por el día es buen lugar para hacer fotos
artísticas.
La parte alta del pueblo es la Calle Mayor, que hemos
mencionado, que va de lado a lado, incluso más allá de la cuesta que nos
llevaría a la Iglesia. Si sigues la calle, acabarás en la báscula de pesaje de
vehículos pesados y no tan pesados. Y si rizamos el rizo, hasta el Lavadero.
Pero eso es harina de otro costal. Esa calle tiene una ramificación, con una la
Calle Extramuros, que realmente son pequeñas naves y que se sitúa también en la
parte trasera del pueblo hasta el mencionado rincón. O raicon, si os gusta más.
Volvemos hacia abajo. Hacia la Iglesia, el bar, la peña y el
árbol. Muchos de vosotros dejáis el
coche ahí. Creo que prácticamente todos los pueblos que conozco. Toda esa zona,
es la Calle de la Iglesia, que acaba justo en el otro vértice del pueblo, es decir,
dónde está el frontón, justo en frente del descampado donde otros tantos, dejan
el coche para las fiestas del pueblo y donde estaba la afiladera, esa piedra
pesada que muchos querían dar vueltas y alguno llevársela. Como aquella vez que
la quisieron subir a un remolque y casi vuelca el coche. Esa piedra ahora está
en la Iglesia, lugar no apto para todos los públicos.
La parte trasera del pueblo también tiene nombre. La Calle
Balsilla pasa por ahí. Es la parte que está justo detrás del chiringuito, que se
puede acceder por el camino que tiene justo al lado o, tras la doble curva de
la Calle Real, en una bajada que hay. Antiguamente, toda esa zona no estaba
asfaltada, por lo que era más reconocible como parte trasera. Suele ser una
zona más oscura e ideal para evacuar.
La Calle Balsilla empalma también con la zona trasera de la
Calle Real, como también con el campo de futbol. Nuestro querido e irregular
campo de futbol. Se bautizó en forma humorística como Eugenio Heras, aunque no
exista nadie llamado así en nuestro pueblo. De hecho, se obvió a la H, para
hacer más hincapié en la broma. Por muy dificultoso que sea jugar allí, grandes
batalles ha habido y quedan por delante.
Solo nos queda una calle más, la Calle Horno, aunque para
nosotros es el callejón del Horno. Esa calle que une la zona de la Iglesia, con
la parte de la doble curva de forma rápida. Bueno, más bien, de forma directa,
ya que por tiempo, cualquiera de los caminos que hay, sea por ahí o por la
cuesta, es parecido. Y, ya que la he mencionado, la cuesta, otro lugar donde
antiguamente pasábamos las noches tumbados. No se llama de forma oficial así,
pero todo el mundo la conoce como tal. Seguro que sabéis cual es: la que está
en frente del árbol.
Y así, a groso modo, os he acabado de describir Anchuela del
Campo. Faltaría algún lugar más como los lavaderos, que están apartados del
pueblo, a unos cientos de metros en dirección a Turmiel. O la torrecilla, esa
montaña que subimos para ver el amanecer el último día de fiestas al lado del
camino de Concha. O en el sabinar, un sitio que hay en una de las últimas
curvas cuando vienes dirección Milmarcos, que a veces nos juntamos para hablar
en alguna de esas tardes tranquilas, ajenos al tráfico. Pero esa, esa es otra
historia.