jueves, 28 de agosto de 2014

El verano siempre vuelve

Todo lo que tiene un principio tiene un final. Y ya hemos llegado. Ya se terminó todo. Quedarán más fiestas por sitios más apartados, pero para muchos, el final ya llegó. Más rápido de lo que uno se pudiera imaginar.

Un agosto crepuscular nos avisa del cierre del telón. Las orquestas ya dejaron de tocar. No habrá más música en los frontones, ni más chiringuitos a los que pedir cubatas. Quien lo haga claro. Los pueblos vuelven a quedarse vacíos. Los pocos que aún aguantaban con gente a estas alturas. El octavo mes del año se vuelve a escapar.

La vuelta a casa se hace dura. Cruel. La maleta pesa como si de plomo fuera. Hace unas semanas resultaba más fácil. En ella metes todos esos momentos que has pasado estos días. Vuelve más llena que antes. Y no quieres cerrarla. Aunque cada año sabes que este momento llegará, es inevitable pasar por este trago.

Estás ausente en el coche. Muchos kilómetros en el más absoluto silencio. Tu móvil echa chispas. El típico grupo con tu gente no para. Y más cuando hace nada estaban contigo. Todos habláis de lo mismo. Tan cerca pero tan lejos a la vez. Como esos días que pasasteis hace escasas fechas.

No ha cambiado tu habitación. Pero se te hace extraño. Como si estuvieras en un lugar desconocido. Parece años desde que te marchaste pero apenas fueron unos días. Se te hace tan pequeña tu habitación. Incluso tu ciudad. Todo parece tan distinto aunque es el mismo sitio que habitas día tras día.

No quieres hacer nada. Solo quieres quedarte en casa. Que diferencia de hace escasas horas que no estabas nunca en ella. Las amistades de aquí tendrán que esperar más tiempo. Depresión post-vacaciones le llaman. Tu cabeza está lleno de nuevos recuerdos que no se van de tu cabeza. Ni se irán. Solo dejarán de chillar con el tiempo. Pero aún es pronto para eso.

Pero no todo es negativo. Vuelves con pilas cargas. Nuevas energías. Tienes retos por delante. Vendrán nuevas situaciones que afrontar. Nueva gente que aparecerá. E incluso el amor, dicen. Hay tantas cosas allí fuera que sería un error dejarlas escapar. Vendrán buenos tiempos, lo aseguro.

El tiempo pasará. Tan rápido como el mes que está a punto de dejarnos. En poco tiempo llegarán las navidades. Está lejano, pero llegará más pronto de lo que imaginas. Pasará el invierno. Dejaremos paulatinamente las prendas de abrigo que ahora tenemos más que olvidadas. Pasará el tiempo y volverá el verano.


Aún queda tiempo hasta el próximo agosto. Lo sé. Pero volverás a ver pronto a esa gente que te hace tan feliz unos días. Como también volverán esos momentos que no olvidarás. Y volverá a haber otro principio. Tiempo al tiempo. Volverás a vivir ese verano inolvidable.

sábado, 23 de agosto de 2014

Estado de paz

Tras días de excesos se han vivido otros de calma, de relax. No todos podemos seguir el calendario de fiestas sin perdonar alguna. Los años pasan y pesan.

Pero es una tragedia. Al contrario. Vives la otra cara del pueblo. La más saludable. La que se puede vivir el resto del tiempo, lejos del ajetreo veraniego.

Es en estos días donde tu rinconcito de paz coge todo su sentido. No hay trasnoches excesivos, ni resacas que lamentar. Te dejas llevar por la tranquilidad del lugar.

Paseos por esos paisajes y caminos que te conoces como la palma de tu mano. Aire puro que te oxigena de la monotonía. Conversaciones que te hacen olvidar.

El deporte rey es el frontón. Partidos largos y pelotas perdidas por los campos. La bicicleta es solo para el verano. Carreteras sin tráfico donde el cansancio incluso es llevadero. Es el momento de disfrutar del deporte.

Excursiones a parajes escondidos a la vista de los veraneantes. Trepar montañas, sortear cardos, saltar ríos. Toda una aventura para un cosmopolita.

Anochecer imborrable. En el cielo anaranjado de tu ciudad es imposible ver ese cuadro instaurado arriba ante tus ojos. No cuentas las estrellas, solo disfrutas de ella.

Nadie se cree que vas con chaquetilla en agosto. Fresco añorado en la vuelta a casa. Hasta en eso es diferente a lo que vives lejos de allí.

Ese lugar te da un respiro a tus problemas del resto del año. Son pocos días pero que te dan fuerza para caminar hacia delante. Unos segundos aquí son como días en tu localidad.

Tienes meses para esperar que llegue tu tregua, pero es innegociable el no escaparse. Que no te separen de tus momentos de paz.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Se cierra el telón

Se terminaron las fiestas. Otro año más se esfumaron en un abrir y cerrar de ojos esos días que tanto esperabas que llegaran. No puede ser más injusto.

Parece que fue ayer cuando se escaparon las del año anterior. El tiempo se burlaba de ti. A mayor ganas, más lento iba el calendario. No corría el reloj, creeías.

Pero lo hizo. Encontraste al esquivo agosto donde siempre estuvo y por fin llegaron esos días que señalas en rojo desde mucho tiempo atrás. ¡Párate tiempo!

Ese primer día desata el volcán de tus sentimientos encerrados. No hay restricción. No hay filtro. Ni siquiera un candado para tu bolsillo, que se vacía más rápidamente de lo que tu mente entenderá mañana.

Ebríos recuerdos de una noche deseada. Dormir es de cobardes. Pero la siesta es obligatoria. Cuánto más mayor te haces, más necesaria es. Aún quedan más energías que derrochar.

Gafas de sol como parte de tu piel. Ni la mejor máscara puede disimular tu escaso descanso. Pero no bajas el pistón. Otro día más en el fragor de la batalla. No hay prisioneros por las noches.

Último día. Llegas con la reserva. Tus fuerzas menguan. Pero tiras de clase. Ese día lo dejas todo a ritmo de esas canciones que gritas. No piensas en el mañana. Sabes que esto acabará con el sol despierto.

Todo acabó. Ya no tocará ninguna orquesta hoy. Te cuesta asimilarlo. Aunque sabes que terminó no eres consciente de lo que tardará en volver. Y de lo mucho que lo anhelarás durante el año.

Quedan más pueblos a los que ir. Más fiestas por delante. Pero no son las tuyas. Y se repetirá ese proceso imposible de alterar. Melancolía con ganas de volver a esos días felices. El reloj vuelve a correr. ¡Qué pase rápido el tiempo!

jueves, 7 de agosto de 2014

Los nervios del camino

Los días previos al viaje al paraíso se hace eterno. Sobre todo la semana anterior. Hasta que llegan esos días, los últimos en la ciudad, no te das cuenta que te vas a ir por fin a tu pueblo, tras muchos meses de estudio/trabajo agotador, en los cuales los fines de semana se hacían extremadamente cortos y ya necesitas esa dosis de forma inmediata.

A medida que se acerca la fecha de partida, realizas pequeñas acciones que llevan al viaje. En su mayoría son de cara al estilismo. Peluquería, ropa, complementos. Nunca está de más arriesgar un poco con el look propio. En verano se permite todo… o prácticamente todo. La mejor época para ello.

Vas cerrando el círculo. Te despides de tus amistades como si te fueras varios meses cuando son pocos días. Sabes de sobras que es algo distinto lo que vives allí. Como si de un mundo nuevo se tratase. Se perdió la magia de todo un verano lleno de anécdotas por culpa del Whatsapp. Ya no se condensa, se dan pequeños detalles durante tu estancia.

Y quedan solo escasas horas. Los nervios se apoderan de ti. Maleta llena hasta arriba. Nunca sabes si te vas a quedar corto. Más ropa olvidada. ¡Con lo que me ha costado cerrarla! Para el calor, para el frío. El tiempo variable no te ayuda en absoluto.  Y por si quedaba claro, otra mochila más pequeña. Definitivamente, es demasiado.

Te asaltan las dudas si te dejas algo. Creo que no… pero tengo la sensación de que sí. No hay vuelta atrás después de ponerse en marcha. Inoportuno recordatorio en plena A-2. Tampoco cabría en un coche lleno hasta la bandera. Ni un alfiler. No hay hueco para nada más. Las inmensas maletas no es lo único que lleváis.

Arrancas el viaje. El asiento de atrás queda ya lejos, aunque a veces tienes la suerte de no llevar el volante. Unos pequeños cabezazos con la música que has compilado especialmente para el trayecto, acorta el tiempo. Carretera buena que te permite descansar. Disfruta mientras puedas.

Cambio de terreno. Curvas y más curvas avisan de que quedan pocos kilómetros. Muchos menos, por lo menos. Más vegetación y nada de coches. Buen ritmo. Coche delante. Muy lento. Frenazo en cada curva. Incluso en las que no tienen nada de dificultad. Te empiezas a desesperar y ansías que te deje pasar. A veces hay suerte. Otras no.

Ya llegas. Ese camino te lo sabes de memoria. Lo has hecho tantas veces. Por la noche. E incluso en algún estado no tan recomendable. Curva de izquierdas. Otra de derechas. La sonrisa empieza a asomar a medida que te acercas a pasos agigantados. Ya tienes ganas de llegar.


Entrada triunfal. Miras por la ventanilla a ver si observas algo. Depende de las horas ni un alma. Muchas horas en el coche. Necesitas salir. Aire fresco, buen clima. Por fin llegaste. Vacías el maletero en un abrir y cerrar de ojos. Empieza el verano. Ese que tanto esperabas. Ese que recordarás por siempre.

martes, 5 de agosto de 2014

Canciones de ayer, hoy.

Si hay algo seguro en las fiestas, pase el tiempo que pase, es la música que va a sonar. Pocas novedades suelen haber, aunque las orquestas acaban metiendo alguna canción que ha sonado mucho meses antes o las típicas canciones de verano que cada vez más escasean. Desde los pasodobles hasta el rock, suenan las mismas melodías.

Son pocos días, casi ni un par de semanas, donde esas canciones que en tu día a día están de forma clandestina por las ondas (o no se escuchan directamente) y que tus amigos que no tienen pueblo ni conocen, suenan una y otra vez, al grito de las almas entregadas a la causa por el ebrio momento que están viviendo.

Y es allí, en ese lugar, donde se produce el fenómeno que me tiene totalmente fascinado: ver a gente cantando de memoria canciones que sonaron antes de nacer ellos mismos. Han conseguido ya no solo sobrevivir al paso del tiempo, si no también tener una vida ilimitada por el momento. Cualquier canción durante el resto del año, a no ser que sea una muy especial, pierde vida en menos de 1 año. ¿A qué ya ni os acordáis del Gangnam Style?

Reconozco que tengo esas canciones en varios CD’s y algunas llegaron vivas al MP3, pero ya no han llegado a la época de los móviles inteligentes. El inexorable paso del tiempo hizo en mella en mí y acabé un poco saturado de escucharlas una y otra vez hasta la llegada del verano. Hasta el punto de detestar algunas (un saludo a Mago de Oz y a Ska-P).

Pero, esto no se trata de mis hastíos personales, al contrario, de mi fascinación sobre ellas. Voy a dar un dato sobre un par de canciones que suenan más. Las canciones de Loquillo, tanto “El ritmo del garaje” como “Cadillac solitario” salieron en el año 1983, es decir, hace 31 años. La más “nueva” de todas esas últimas canciones es la ya mencionada “Fiesta pagana”, del año 2000. “Solo” 14 años.

Es evidente que el repertorio de las orquestas deja mucho que desear. Canciones repetidas año tras año, mínimas innovaciones, música pasada de rosca. Entre otras cosas. Ninguna arriesga más de la cuenta sabiendo que con esas canciones, más el efecto placebo del propio verano, van a encandilar al público.

Aunque todo esto no vale. Llega verano y pides esas canciones. Es el opio del pueblo. Llevas meses escuchando música de discoteca y en ese corto intervalo de tiempo quieres esas canciones que te sabes de memoria. Es la música de tu pueblo. Esa música que hace, también, especial a ese rincón.


Y en verano, quieres dar un vuelta con esa Chiquilla de nombre Dolores (se llamaba Lola), después de tanto Vicio tras muchos Litros de alcohol en esa Fiesta pagana en la que casi te peleas con un (So) payaso por que no te dejaba bailar El vals (del obrero) con ella, aunque esperas que tus rezos a Jesucristo (García) te den un poco (No hay) tregua para sentir El roce de su cuerpo aunque finalmente te quedas con las ganas y acabas en (El ritmo) del garaje pensando en que mañana toca Salir, beber, el rollo de siempre.

domingo, 3 de agosto de 2014

Representantes involuntarios

Desde pequeños, nos dicen que hay que tener modales y comportarse bien. Aunque al principio nos cuesta entenderlo, con el paso de los años, algunos más que otros, cogen el concepto, se comportan y se adecuan a las circunstancias para expresarse de un modo u otro, pero sin perder la compostura.

Esta introducción no es gratuita. Y no voy a ser yo quien dé lecciones de modales ni nada. Al contrario. Más que nada por qué no es un blog sobre ello. Pero, este concepto adaptándolo al pueblo tiene sus repercusiones. Repercusiones que puede conseguir que el comportamiento de unos pocos especímenes, dejen a un pueblo entero con una fama nefasta y que tarda mucho tiempo en quitarse.

Es algo habitual y qué, época tras época, suele cambiar de bando. Pueblos marcados en rojo por cuatro pelagatos. Es tan lamentable como cierto. Y lo peor es que no se intenta remediar ni siquiera por parte de gente del propio lugar afectado, que no son conscientes de la mala imagen que dan ellos hacia el exterior.

Cuando me iniciaba en el mundo de las fiestas, e incluso antes, recuerdo un pueblo señalado. Era Labros. Había un grupo de gente que la liaba allá por donde iba. Daba igual el lugar y de dónde eran. Su actitud era un esperpento hasta el punto de hacerlo incluso en inferioridad numérica en un pueblo donde, en caso de trifulca, tenían todas las de perder. Toda una lección táctica.

Esta fama que arrastraban, afectaban al punto más importante: sus fiestas. A pesar de caer en fin de semana, había pueblos que decidían tomarse “día de descanso” en esas fechas por los inexplicables actos de esa gente. Eso repercutía en el ambiente, en el número de asistentes y, sobretodo, en su economía. Menos gente, menos consumiciones. Y en época pre-botellón, que era aún peor.

Los años pasan para todos y esas broncas frecuentes fueron menguando hasta desaparecer. Gracias a eso y al buen hacer de las nuevas generaciones, esa fama acabó enterrándose hasta nuestros días, gozando de buena salud incluso sus fiestas, con un buen número de asistentes. El ejemplo claro de cómo girar las tornas
.
En el día de hoy, ese pueblo es Establés pero con consecuencias aún peores. Los actos vandálicos y cobardes de estos (pongan aquí la peor palabra que pase por su cabeza) consigue aislar del todo a su pueblo. En poco tiempo han conseguido ser el pueblo marcado para todos y al borde de consecuencias que pueden ser mucho peores. Lo lamento por el resto de habitantes. Y, advierto, que será difícil de reconducir a corto plazo.

Entre la actitud macarra de éstos y unas fechas desacertadas (cambiando de días, coincidiendo con otros pueblos) ha conseguido que ni siquiera las fiestas de ellos sean consideradas una opción para hacer el esfuerzo de ir. ¿Quién en su sano juicio iba a renunciar a fiestas con gente que se lleva bien por otras con gente conflictiva en un entorno que no te sientes a gusto? Blanco y en botella.

Lo que quiero decir, como reflexión, es que lo que nosotros hacemos pensando que son hechos aislados, supuestamente graciosos y de creernos “los putos amos”, realmente es la mayor estupidez que podamos hacer. Pensar que eso es algo divertido es ser mediocre. Y no pensar que puede tener consecuencias es de ser directamente corto. Y consecuencias, de un modo más light o de otro más excesivo, siempre hay.


Queramos o no, representamos a nuestro pueblo, a esa gente que se esforzó por qué hubiera fiestas en verano. Usar la cabeza, incluso en vacaciones, no es un delito. Antes de hacer el cabra, pensar y disfrutar de las vacaciones que están para disfrutar, no para lo contrario.

viernes, 1 de agosto de 2014

El ocaso de las "Peñas"

Las “Peñas” han muerto. Detrás de estas crudas palabras se encuentra una realidad que se está viviendo año tras año: la huida de la gente al acabar las orquestas. Ya no se abren en ningún lugar, o prácticamente en ninguno. Las “Peñas” han cerrado… ¿para siempre? Vayamos por pasos para explicar este proceso.

Hace muchos años, años después de instaurarse las orquestas, la gente aún tenía ganas de fiesta y las mal llamadas “Peñas” cumplían el papel de lugar donde seguir la noche hasta que el cuerpo aguantara, con más música (moderna se puede llamar) y donde se cerraban, o se abrían, los affaires iniciadas esa noche o las anteriores. Allí se reunía prácticamente la totalidad de la gente joven de todos los pueblos que iban esa noche.

Recuerdo, en esa etapa llamada adolescencia, iniciándome en estas lides. Veía ese lugar lleno y estaba sorprendido. No cabía un alfiler en ese pequeño lugar. Parecía un pub de cualquier ciudad (pequeña) a reventar. La gente no se marchaba aunque la orquesta terminara. La fiesta continuaba.

Yo recuerdo “Peñas” de pueblos inexplorados, que nos lo pasábamos mejor que la propia orquesta. Obviamente por la baja calidad de la misma. Pueblos como Canales de Molina o  Algar de Mesa, por decir dos que me han venido a la cabeza, destacaron más por ello que por la propia música contratada. E incluso otros pueblos más cercanos a nuestra zona. ¿Quién no recuerda “La Pocilga” de Tartanedo? Quizás el lugar más emblemático de los pueblos de alrededor.

Pero, con el paso del tiempo, al acabar la orquesta, la gente se marcha enseguida. Quitando los autóctonos y poco más, las ganas de fiesta de anteriores generaciones se han desvanecido en pocos años, haciendo que el abrir las propias “Peñas” sea un gesto inútil, solo para un grupo muy reducido de gente. Si me lo dicen hace unos años, no me lo creería.

¿Por qué este cambio? Sinceramente, se me escapa. Quizás falte más “sangre” en estas nuevas generaciones. Antes estar en un pueblo ajeno hasta altas horas, era un gran logro. Quedarse hasta que amaneciera era un hito. Ya no hay tanta interrelación entre pueblos como se daba en ese tiempo extra de la noche. Ahora es acabar e irse.

En estos últimos años se ha instaurado el poner música en la barra, cosa que me parece un acierto si la gente se queda. Poner música y seguir poniendo copas para que la gente siga, es algo necesario… si hay ganas, pero como digo, es algo que cada vez cuesta más ver. Un caso digno de mención es de Labros. Sus orquestas distan mucho de ser buenas (lo siento, pero es así), pero en cambio mejora mucho el post, donde un servidor se lo ha pasado bien.


Dudo mucho que las “Peñas” vuelvan a sentir el auge que tuvo en los 90 e inicio del 2000, pero aún mantengo un poco (casi minúsculo) de esperanza para ver esas ganas que veía yo de adolescente, que intenté mantener en mi época “dorada” y que ahora mismo no veo. Todo sea cambiar la mentalidad. Pero las “Peñas” cerraron para siempre. Se acabó la música.