domingo, 3 de agosto de 2014

Representantes involuntarios

Desde pequeños, nos dicen que hay que tener modales y comportarse bien. Aunque al principio nos cuesta entenderlo, con el paso de los años, algunos más que otros, cogen el concepto, se comportan y se adecuan a las circunstancias para expresarse de un modo u otro, pero sin perder la compostura.

Esta introducción no es gratuita. Y no voy a ser yo quien dé lecciones de modales ni nada. Al contrario. Más que nada por qué no es un blog sobre ello. Pero, este concepto adaptándolo al pueblo tiene sus repercusiones. Repercusiones que puede conseguir que el comportamiento de unos pocos especímenes, dejen a un pueblo entero con una fama nefasta y que tarda mucho tiempo en quitarse.

Es algo habitual y qué, época tras época, suele cambiar de bando. Pueblos marcados en rojo por cuatro pelagatos. Es tan lamentable como cierto. Y lo peor es que no se intenta remediar ni siquiera por parte de gente del propio lugar afectado, que no son conscientes de la mala imagen que dan ellos hacia el exterior.

Cuando me iniciaba en el mundo de las fiestas, e incluso antes, recuerdo un pueblo señalado. Era Labros. Había un grupo de gente que la liaba allá por donde iba. Daba igual el lugar y de dónde eran. Su actitud era un esperpento hasta el punto de hacerlo incluso en inferioridad numérica en un pueblo donde, en caso de trifulca, tenían todas las de perder. Toda una lección táctica.

Esta fama que arrastraban, afectaban al punto más importante: sus fiestas. A pesar de caer en fin de semana, había pueblos que decidían tomarse “día de descanso” en esas fechas por los inexplicables actos de esa gente. Eso repercutía en el ambiente, en el número de asistentes y, sobretodo, en su economía. Menos gente, menos consumiciones. Y en época pre-botellón, que era aún peor.

Los años pasan para todos y esas broncas frecuentes fueron menguando hasta desaparecer. Gracias a eso y al buen hacer de las nuevas generaciones, esa fama acabó enterrándose hasta nuestros días, gozando de buena salud incluso sus fiestas, con un buen número de asistentes. El ejemplo claro de cómo girar las tornas
.
En el día de hoy, ese pueblo es Establés pero con consecuencias aún peores. Los actos vandálicos y cobardes de estos (pongan aquí la peor palabra que pase por su cabeza) consigue aislar del todo a su pueblo. En poco tiempo han conseguido ser el pueblo marcado para todos y al borde de consecuencias que pueden ser mucho peores. Lo lamento por el resto de habitantes. Y, advierto, que será difícil de reconducir a corto plazo.

Entre la actitud macarra de éstos y unas fechas desacertadas (cambiando de días, coincidiendo con otros pueblos) ha conseguido que ni siquiera las fiestas de ellos sean consideradas una opción para hacer el esfuerzo de ir. ¿Quién en su sano juicio iba a renunciar a fiestas con gente que se lleva bien por otras con gente conflictiva en un entorno que no te sientes a gusto? Blanco y en botella.

Lo que quiero decir, como reflexión, es que lo que nosotros hacemos pensando que son hechos aislados, supuestamente graciosos y de creernos “los putos amos”, realmente es la mayor estupidez que podamos hacer. Pensar que eso es algo divertido es ser mediocre. Y no pensar que puede tener consecuencias es de ser directamente corto. Y consecuencias, de un modo más light o de otro más excesivo, siempre hay.


Queramos o no, representamos a nuestro pueblo, a esa gente que se esforzó por qué hubiera fiestas en verano. Usar la cabeza, incluso en vacaciones, no es un delito. Antes de hacer el cabra, pensar y disfrutar de las vacaciones que están para disfrutar, no para lo contrario.

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