Desde pequeños, nos dicen que hay que tener modales y
comportarse bien. Aunque al principio nos cuesta entenderlo, con el paso de los
años, algunos más que otros, cogen el concepto, se comportan y se adecuan a las
circunstancias para expresarse de un modo u otro, pero sin perder la
compostura.
Esta introducción no es gratuita. Y no voy a ser yo quien dé
lecciones de modales ni nada. Al contrario. Más que nada por qué no es un blog
sobre ello. Pero, este concepto adaptándolo al pueblo tiene sus repercusiones.
Repercusiones que puede conseguir que el comportamiento de unos pocos
especímenes, dejen a un pueblo entero con una fama nefasta y que tarda mucho
tiempo en quitarse.
Es algo habitual y qué, época tras época, suele cambiar de
bando. Pueblos marcados en rojo por cuatro pelagatos. Es tan lamentable como
cierto. Y lo peor es que no se intenta remediar ni siquiera por parte de gente
del propio lugar afectado, que no son conscientes de la mala imagen que dan
ellos hacia el exterior.
Cuando me iniciaba en el mundo de las fiestas, e incluso
antes, recuerdo un pueblo señalado. Era Labros. Había un grupo de gente que la
liaba allá por donde iba. Daba igual el lugar y de dónde eran. Su actitud era
un esperpento hasta el punto de hacerlo incluso en inferioridad numérica en un pueblo
donde, en caso de trifulca, tenían todas las de perder. Toda una lección
táctica.
Esta fama que arrastraban, afectaban al punto más
importante: sus fiestas. A pesar de caer en fin de semana, había pueblos que
decidían tomarse “día de descanso” en esas fechas por los inexplicables actos
de esa gente. Eso repercutía en el ambiente, en el número de asistentes y,
sobretodo, en su economía. Menos gente, menos consumiciones. Y en época
pre-botellón, que era aún peor.
Los años pasan para todos y esas broncas frecuentes fueron
menguando hasta desaparecer. Gracias a eso y al buen hacer de las nuevas
generaciones, esa fama acabó enterrándose hasta nuestros días, gozando de buena
salud incluso sus fiestas, con un buen número de asistentes. El ejemplo claro
de cómo girar las tornas
.
En el día de hoy, ese pueblo es Establés pero con
consecuencias aún peores. Los actos vandálicos y cobardes de estos (pongan aquí
la peor palabra que pase por su cabeza) consigue aislar del todo a su pueblo.
En poco tiempo han conseguido ser el pueblo marcado para todos y al borde de
consecuencias que pueden ser mucho peores. Lo lamento por el resto de
habitantes. Y, advierto, que será difícil de reconducir a corto plazo.
Entre la actitud macarra de éstos y unas fechas desacertadas
(cambiando de días, coincidiendo con otros pueblos) ha conseguido que ni
siquiera las fiestas de ellos sean consideradas una opción para hacer el
esfuerzo de ir. ¿Quién en su sano juicio iba a renunciar a fiestas con gente
que se lleva bien por otras con gente conflictiva en un entorno que no te
sientes a gusto? Blanco y en botella.
Lo que quiero decir, como reflexión, es que lo que nosotros
hacemos pensando que son hechos aislados, supuestamente graciosos y de creernos
“los putos amos”, realmente es la mayor estupidez que podamos hacer. Pensar que
eso es algo divertido es ser mediocre. Y no pensar que puede tener consecuencias
es de ser directamente corto. Y consecuencias, de un modo más light o de otro
más excesivo, siempre hay.
Queramos o no, representamos a nuestro pueblo, a esa gente
que se esforzó por qué hubiera fiestas en verano. Usar la cabeza, incluso en
vacaciones, no es un delito. Antes de hacer el cabra, pensar y disfrutar de las
vacaciones que están para disfrutar, no para lo contrario.
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