Si hay algo seguro en Turmiel, es que la fiesta nunca
termina. Desde que se inician las fiestas hasta el último día, no hay ningún
momento de respiro. No hay tiempo para el descanso en sus fiestas. Un foráneo
que no compita contra alguien de allí, que ellos están más que acostumbrados.
¿Por qué lo digo? Ahora lo entenderéis.
Todo empieza el día 14 de Agosto. Durante el día, una
canción se gesta. Unas palabras y una melodía que resume una historia. La de
unos recién casados. Va cogiendo forma hasta llegar la noche. Los turmieleros
se juntan para iniciar una marcha que les llevará hasta casa de la pareja.
Todos juntos empiezan a cantarla en su honor. No importa cómo se haga, si no
que se haga. Después de este momento de sonroje para ellos, premian al pueblo
con las típicas degustaciones del pueblo… y vino para remojar el gaznate.
Las fiestas de San Roque ya están en marcha. Aunque el
patrón real de Turmiel es San Pascual, al que también rinden un homenaje
durante estos días. Pero el día 15 de Agosto es el día de la Virgen. Cenan
todos juntos, en el frontón del pueblo, una caldereta multitudinaria. O lo que
se tercie. Amenizado por un espectáculo para todos los públicos. Habitualmente,
Jotas, que suelen gustar.
Y como anticipo del día siguiente, todo esto bañado por una
buena sangría. Cada maestrillo tiene su librillo. Y muchas familias hacen su
propia sangría. Cada uno tiene sus ingredientes, sus rituales de preparación,
sus gustos. Se van probando todas para ir comparando, con mucho gusto por otra
parte, los diferentes sabores. Y cual está más buena. Aunque es lo de menos, en
este caso.
Si hay algo por lo que se conoce en especial en Turmiel es
la famosa SOPETA. En mayúsculas. Cualquiera que conoce Turmiel, también conoce
este famoso ponche que hacen allí. Originalmente, este ponche lo inventó una
familia para esa gente que no podía celebrar las fiestas, mojando un trozo de
pan y dándosela para que pudieran disfrutar ellos también. Con el paso del
tiempo, la tradición fue evolucionando hasta nuestros días.
Bien pronto se
empieza. Por la tarde la gente disfruta de los primeros tragos bajo la música
de la charanga que ameniza el momento. Pero no es lo único que suena. También
los famosos cantares que animan a los que no beben, a lo que hagan. El honor
está en juego. Una vez se inicia la arenga, debes beberte el vaso. La letra de
“Dicen que la virgen es” y “Hasta el astillero” se saben de memoria en el
lugar. Sus letras dicen lo siguiente
Dicen que la virgen es Hasta
que el artillero no diga
Más hermosa que ninguna ¡Bomba
va!
Que lleva el Sol en los
pies Hasta
que no dispare
Y en las espaldas la Luna Ninguno
beberá
¡San Gabriel, San Gabriel,
San Gabriel! ¡Qué
beba, que chirle
¡Qué beba al instante, Que
mire y que pum!
Qué beba al instante,
Qué la quiero ver!
El día se hace largo. En este caso, la tarde. Y se acerca la
noche. La gente de la comisión de fiestas ayuda para que esto no termine. Un
buen bocadillo para todos, sobre todo para aquellos que han tomado más sopeta
de la que deberían. Eso servirá para que sigan adelante, ya que esto no se ha
terminado. Aunque quizás alguno/a ya tenga suficiente con esto, que para un
extranjero, seguro, sería demasiado.
¡Qué sería unas fiestas sin orquestas! El día 17 llega uno
de los platos fuertes, para conmemorar el día de San Pascual. El grupo Alquimia
tiene ya una estrecha relación con Turmiel desde hace varios años y, se puede
decir, que hasta forman parte del pueblo. Saben cómo hacer que el pueblo no
deje de saltar ni de cantar esas canciones que tanto les gustan. La gente de
los pueblos de alrededor disfruta de su buen ambiente y de su famoso
chiringuito que hay al cruzar la carretera. Sin duda, algo que lo hace
diferente.
También, en esta noche de orquesta, hay disfraces. El pueblo
se adapta a las nuevas tecnologías y la temática se decide mediante votación
por las redes sociales. Sin duda, es una novedad incluir un sistema rápido y
que llega a todo el mundo para esta elección. Y no vale la excusa de que no has
podido.
Pero todo llega a su fin, lamentablemente. El día 18 se
cierra el telón. Pero eso no significa que sea por lo bajo. Los niños disfrutan
de su parque infantil. Hay actividades para todos. Desde pequeños hasta
mayores. Muchos se juntan para cenar, de forma espontánea, juntos en este
último día de fiestas. Y cuando acaba la cena, la música empieza. Otra
característica de Turmiel es que su segundo día de orquesta empieza pronto,
para que hasta los menos trasnochadores puedan bailar.
Y como diría una canción, la fiesta no termina. Quien quiere
continuar la noche, se va la peña, situada un poco más arriba de la carretera,
en la Calle del Reloj, donde la música aguanta hasta los primeros rayos de sol
salen. O hasta que el cuerpo aguante, que realmente es el que decide. Pero
seguro que un turmielero aguanta hasta el final.
La fama no es gratuita, como os he dicho. La gente de allí
es fiestera por tradición y lo dan todo en sus días. Y no es para menos. Seguro
que este año siguen dejándose la piel cada día, cada noche, cada instante.
Turmiel sabe cómo celebrar unas fiestas y como disfrutarlas. Generación tras
generación. Después de esto, ¿crees que puedes aguantar el ritmo de un/a
turmielero/a? Piensa bien la respuesta.
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