Los primeros amores, son los más recordados. Más bien algo que crees que fue amor. Ese
primer sentimiento, ese impacto, aunque pasen muchos años, siempre se tiene en
la memoria. Esa persona que, en nuestra tierna infancia, nos marca y aparece de
forma furtiva en algunas conversaciones. A veces, esa persona, es de nuestro
rincón de paz. Esa persona es del pueblo.
Hasta pasar una primera etapa donde solo pensamos en jugar y
jugar, a medida que la pubertad se abre camino, empezamos a fijarnos en los/as
que antes teníamos un comportamiento hasta reacio. El grupo de amistades ya es
mixto y hay alguien que te roba las miradas. Sin que te des cuenta, ha pasado.
Los secretos gritan. Es difícil mantenerlo guardado. Y quizá
más difícil que otra persona se lo calle. La escasez de gente es un punto a tu
favor. Con suerte, se habrá fijado en ti. Lo más duro es dar el paso. Pero todo
lo duro que resulta eso, todo el valor que no sabías que tenías pero ha
aparecido, puede tener una gran recompensa. Tú primer amor. Un mundo nuevo se te acaba de abrir.
El típico amor del pueblo. Del que tus amigos/as de la
ciudad saben de su existencia. Hay hasta escépticos. La manida frase de “mi
novio/a del pueblo”. Pero la distancia es un problema. Sobre todo en la época
pre-Whatsapp o Facebook. Todo era más complicado antes. Aunque la distancia,
haya la tecnología que haya, será la misma.
Aunque puede que también sea tu primer desamor. Has visto la
cruz de la moneda hasta que la cara. Pero todo llega. Los primeros momentos se
harán duros, sobretodo en ese sitio tan especial. El tiempo te ayudará y con el
tiempo apenas tendrás secuelas de eso que pudo ser y no sé. Y si algo me ha
enseñado mi gran experiencia en este campo (en el desamor, nos entendemos) es que no es como empieza, si
no como acaba.
Y empiezas a conocer a más gente. Se abren otros horizontes. Tienes más puntos
de mira. No sabes cómo ha pasado, pero empiezas a hablar con otra gente. El
alcohol ayuda, seguramente. Una mente nublada. Una frase sin sentido aparente
pero efectiva. Una vuelta hacia ningún lugar. La oscuridad es tu aliada. Y así,
noche tras noche. Aunque la ebriedad deja de ser una excusa.
Ya te ven como “el/la que se lía con tal”. Es una muesca en
tu historial. A veces hasta imposible de borrar. Algunas veces tienes más de
una. Quien tiene más don de gentes. O ningún escrúpulo, depende como lo mires.
Tienes recuerdos hasta vergonzantes. Nadie tiene un currículo impoluto. Las
noches te juegan malas pasadas. O buenas. No siempre tiene que ser malo.
Con el paso del tiempo, cuando se terminan esas batallas,
las relaciones cambian. Ahora hay cordialidad, buen rollo. Siempre que os veis
os saludáis. Ya no hay más intenciones que la de hablar un rato. Se acabó el
irse más allá del frontón. Cada uno tiene su vida y todo sigue hacia delante.
Hay finales felices. Parejas que se conocieron en nuestro
lugar y siguen con el paso de los años. Casados. Hasta con hijos. Quién sabe si
ese primer amor era el definitivo. Otro momento mágico del pueblo. Nada es
imposible. Lo volvió a conseguir. Otro recuerdo más que nos deja. Por qué el
primer amor no se olvida.
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