El pasar tantos años juntos, durante esos días tan esperados
por todos, con la misma gente, hace que tengamos vínculos, a pesar de convivir,
en algunos casos, nada más que unas horas nocturnas en cada pueblo. Las mismas
caras. Y ya son muchos años juntos. Desde la adolescencia en algunos casos.
Ahora, hasta lo vemos normal, pero, ¿cómo se fraguaron? Diferentes historias
que ya se han escrito.
Las primeras relaciones que tenemos son, valga decirlo, en
nuestro propio pueblo. Los nexos de unión son claros: la edad. En principio, tu
relación es con los de tu edad. Literalmente, con los de tu edad. Del mismo
año. Eso une al principio. Pero luego, con el tiempo, se amplía paulatinamente
ese originario grupo. No se sabe cuáles son los años comprendidos, pero se
llega a un límite.
El único nexo de unión, quitando que sois del mismo pueblo,
es la bicicleta, los juegos nocturnos o el típico amor veraniego. Sin más
contacto el resto del año. O mínimo. Con el tiempo, empiezan a crecer los
puntos en común, el saber más de sus vidas e incluso compartir parte de ella en
la ciudad de turno. Diferentes amistades que las que tienes en tu vida
cotidiana.
Empiezas a tener ojos para otra gente. Las feromonas en
máxima ebullición son las que nos marcan el camino. Muchos inicios de
relaciones gracias a ese factor. Poco, o nada, te fijas en la gente de tu mismo
sexo en esa fase inicial. Tienes otros pensamientos. Amores. O intentos de
amores. Historias puntuales o que se alargan en el tiempo durante años incluso.
Tras esa primera toma de contacto, tus miras se expanden.
Gracias a esas primeras escaramuzas, conoces a gente de su pueblo. Sean chicos
como chicas. Poco a poco te vas quedando con esas caras que se quedarán para
siempre en tu retina. Los inicios suelen ser buenos. Cada día vas a hablar con
ese pueblo hasta hace nada desconocido para ti. Pero tus objetivos por delante.
El Chiringuito de tu propio pueblo. En un rincón de otro
pueblo donde sueles ver pasar gente. U otra situación absurda. Todo es válido
para iniciar una conversación que se pueda trasladar a otro momento. A otro
día. El alcohol, como no, es el mayor trampolín. Hace auténticos milagros.
Aunque en algunos casos, solo sirvan para una noche en concreto. Hay
veraneantes muy callados sin ese elixir.
Poco a poco has dejado tus instintos primarios para alguna
recaída. Te hace hasta ilusión el volver a verles otro año más. Existe hasta
una amistad. Hacéis planes conjuntos entre pueblos. El WhatsApp ha ayudado
también, lejos de esos mensajes de texto con limitación de caracteres y de
pago. Risas. Invitaciones. Noche tras noche. Hasta la despedida. Hasta el
próximo año, esperemos.
Se amplían los círculos. Vas empezando a conocer a las
nuevas generaciones. Esos inicios que ya enterraste, los tienen ellos. Otras
historias desde otro prisma. A veces te vuelven a pillar de cerca. Hasta ahora
no ponías cara a sus escarceos. Ahora ya hasta cruzas palabras. En fiestas, sin
más profundidad, las edades no carecen de mayor importancia.
A veces hasta ocurre otro fenómeno. Gente con la que solo
tenías contacto visual, con el tiempo, sin saber por qué o por quién, inicias
una relación cordial. Un saludo. E incluso conversaciones. Habituales por esos
parajes. Al final, el ambiente, te empuja a ello también. Y con el tiempo, te
pasas bastante tiempo, valga la redundancia, en hablar con esa gente con el que
compartes un cariño eterno por esos instantes.
Algunas se enfriarán con los años. Otras seguirán o incluso
aumentarán. Aún conocerás a gente nueva, si es que el cuerpo, o la clase, te lo
permite. Hablarás con mucha gente. Tendrás hasta un cariño similar al que
tienes por algunos de tu propio pueblo. Te buscarán. Les buscarás. Te escaparás
de tu gente para pasar ratos, incluso.
Esa gente, esas relaciones, son parte del encanto de nuestro
rincón de paz. Interrelaciones con otros pueblos. Recordarás momentos.
Conversaciones. Historias. Sabes el hoy y parte del mañana. No hay tantas
novedades año tras años. Pero, ¿y el ayer? ¿Recuerdas cómo y dónde empezó
todo? Difícil respuesta para una
pregunta ya innecesaria. No necesitas ya respuestas. Solo momentos. Los que
vives con ellos. Esos momentos.
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