Uno de los pueblos que pensé para este serial de entradas
fue Turmiel. Os explico por qué. En lo que alcanza mi memoria, tan buena para
estos detalles pero mala para los estudios, fue el primer pueblo que me fijé en
el nombre de las calles. Más bien, de una. La Calle del Reloj. Imposible de no
ver el cartel viniendo del sentido que vengo. Con el tiempo, me fui fijando en
más, pero, ya entraremos en detalles.
Turmiel es uno de los casos que el pueblo es dividido en dos
partes, de forma más o menos parecida, aunque siempre haya una con más
densidad. La carretera que la separa es la CM-2107, que acaba llegando hasta
Anquela del Ducado, desembocando en la N-211, muy conocida por los madrileños y
para los que no lo somos, ya que vamos hacia Molina de Aragón por ese sentido.
Pero, la particularidad, es que le dan nombre. Calle de la
Carretera. Nombre obvio y que es bastante común en muchos lugares, pero no por
estos pueblos. Ni siquiera en otro de los pueblos que pasa la carretera por en
medio, como Tartanedo, la denominan así. Esta fue la segunda calle que me fijé
del pueblo. Fácil, ya que es por donde venimos, sea del sentido que sea. La
mayoría, por el mismo.
Es, sin duda, el pueblo donde en más sitios diferentes he
dejado el coche. El que tiene un porcentaje más alto, según mi estadística
interna, es en la propia Calle de la Carretera, a final del pueblo, ya que
tienen bastante hueco como para dejar toda la flota de vehículos que trae un
mismo pueblo. De hecho, cuando he ido en las últimas ocasiones, siempre ha sido
así. La última hace apenas 1 mes.
Otra vez aparqué en un descampado que tienen en una de las
calles que voy a descubrir para los no habituales: la Calle del Molino. Está
situada justo en la zona que he descrito antes, al final del pueblo, aunque
realmente es un camino con una bifurcación, con el final en una propiedad en un
caso y de nuevo a la carretera, en el otro. Es, quizá, la calle más alejada del
pueblo.
Siguiendo mi ruta, también he dejado el coche al lado del
frontón. Bien pegado a un lado, que estás justo en la carretera. Una de las
curiosidades es que la famosa Calle de la Carretera, abarca todo el mencionado
frontón. Incluso la parte alta, donde está situado el chiringuito actualmente.
Aunque, donde estaba antes, realmente no esa propia calle. Estaba en la Calle
Manezuela. Conocido por muchos porque también tiene otra vertiente en aquel
camino que visitamos alguna vez durante la noche cerca de la Calle del Reloj.
Algunos ya me han entendido.
Y la última, para acabar esta sutil introducción a las
calles con algo tan banal como el aparcamiento, ha sido en la Calle del Reloj,
la calle más importante del pueblo, según su situación, para este escritor. Esa
calle te lleva hasta la Peña, hasta el bar y, si sigues hasta arriba, a la
Iglesia. La calle, se acaba uniendo con el Camino de las Hoyuelas, que es la
última calle del pueblo (o la primera si vienes desde el otro sentido), para
ser absorbida por esta y continuar su camino hacia más arriba del pueblo.
Ya que hemos hablado de la Iglesia, hay otra calle que llega
a ella. No me refiero Calle la Iglesia, situada al lado, que también. No. Me
refiero a la Calle Oscura. Una calle que empieza en la Calle de la Carretera,
en uno de esas estrechas calles que hay yendo hacia el final del pueblo
(insisto, sentido Anquela), pasando por detrás de la zona ociosa de frontón y
chiringuito, aunque puede que hayas pasado por ahí, ya que es justo a mano
izquierda cuando subes las escaleras para tomarte la copa de turno. Sin duda,
el nombre le viene al pelo por su ubicación.
Y para seguir dando luz a los visitantes nocturnos, que
somos varios, no solo la Peña está situada en la Calle del Reloj. Seguramente
habréis ido por su lado derecho, que acaba llamándose la Calle Peñuelas, que se
une con la Calle la Cuesta, que se llama así por motivos obvios y que también
se junta con la Calle la Iglesia. Al final, todos los caminos llevan a Roma. A
la Calle del Reloj, en este caso.
Como visitante, reconozco que solo he recorrido algunas
calles y muchas, no enteras, pero seguramente, muchos otros, hayan podido
descubrir sus sitios, sus rincones, sus lugares. Es fácil perderse en cualquier
sitio. O Calle. Seguro que ni le ponían nombre. Y es que el reloj no solo marca
las horas, también los momentos.
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