Y ya finalizamos este serial de “visitantes en” con
Tartanedo. Podría hacer uno sobre otros pueblos que he visitado, pero no lo
tendría tan fresco en mi mente como los que he descrito. Quién sabe. Y cierro
con el pueblo donde tengo, tenemos, un sitio especial desde hace muchos años.
Por todo lo que representa. Pero, como digo en otras ocasiones, ya llegaremos a
ello. Empecemos.
Como yendo hacia Hinojosa, tras el cruce con Labros, para
llegar a Tartanedo hay que coger la GU-426. Aunque si vienes por el camino de
Concha, es la GU-425.La carretera en sí, no es lo nos llama la atención. Si el
camino. Es decir, el paisaje. Ese paisaje desértico, con esos enormes molinos
dispuestos por todos esos terrenos que rodean la carretera, nos indican que
estamos llegando. Eso y el viento, nos empujan, nunca mejor dicho, hasta el
pueblo.
Ya he dicho alguna vez que es el pueblo que, quizá, más
veces he ido sin ser de noche. Sea en bicicleta o en coche, cada verano caen
unas cuantas visitas. Y, sinceramente, noto el cambio. Supongo que lo vería en
cualquier otro pueblo, pero hay varios factores que me lo indican. Por la tarde
puede dejar el coche cerca del bar, en la Plaza del Lugar (y en la calle con el
mismo nombre), que es donde se sitúa tanto el mencionado bar, como la
residencia y el frontón. La zona ociosa, vaya.
Bueno, más bien, esa zona, está rodeada de plazas, ya que
está la Plaza Beata, que está situada a la derecha solo entrar en el pueblo, y
la Plaza Ejido, que es dónde está el chiringuito en las fiestas. Pero estoy
convencido que a todos nos viene a la cabeza el enorme parque que tienen y,
como no podía ser de otra manera, la avenida. Como sabéis, va subiendo hasta
bastante arriba del pueblo. Y ahí, algo antes del final, está mi lugar
especial.
El nombre de la calle es Calle Calentejo. Justo en la
esquina con la Calle del Lugar, se encuentra un poyete, donde hemos pasado
minutos, bastantes, confidencias, revelaciones. En esa calle, ya suele ser otro
punto para dejar el coche. Y siempre pasa gente. Esa calle continúa hasta la
altura de la piscina o la pista de padel.
En esa parte del pueblo, la más alta, confluyen varias
calles. En la parte trasera están situadas la Calle de la Cuesta, que sigue uno
de los varios caminos que hay por nuestras tierras, la Calle Castillo, Calle
San Andrés y Calle del Arco. Si sigues el camino, es probable, que acabes desembocando
en el camino de Concha. Pero Tartanedo tiene varias formas de acceder al
pueblo.
Desde el lavadero, o el pilón, al gusto del consumidor,
situada en la Avenida de la Fuente, puedes acceder por la Calle Costanilla de
la Fuente, donde hay una Calle Real, aunque en algún edificio de la carretera
haya algún cartel que la llame así. Debe ser cosa del pasado, como me indicó un
turmielero.
Y estando cerca de la Iglesia, el nombre del patrón no podía faltar
por el pueblo. Justo en frente, empieza la Calle Sant Bartolomé, pero no solo
con eso, si no con la Travesía de Sant Bartolomé en sus inicios y con la Calle
Baja de Sant Bartolomé, que es una prolongación de la primera y que desemboca
en la Calle Calentejo.
Y, como siempre recuerdo cuando hablo de Tartanedo, voy a
mencionar a la Peña de las Peñas. La pocilga. El sitio con más cariño que
recuerdo. No era un sitio grande, ni mucho menos, era más bien lo contrario,
pero por cómo era, la hacía diferente. Seguramente el nombre de La Pocilga era
por literal, pero, a decir verdad, era un juego de palabras tan delicioso como
perverso. Estaba al lado de la Iglesia de San Bartolomé, justo delante de la
Calle Callejuela, y la puerta daba a la calle. Totalmente.
Y este año, como siempre, volveremos a dejarnos caer por este
pueblo, a comer esos Jumpers que tanto adora la inmensa mayoría de gente de mi
pueblo, a descansar tras una ruta en bici y a pasar los últimos días de verano
por qué es donde a final de mes, por motivos obvios, queda más ambiente. Y los
rituales hay que cumplirlos, que nunca se sabe cuándo se van a dejar de
cumplir.
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