lunes, 24 de julio de 2017

Visitantes en... Hinojosa

Había estado analizando un poco las calles o sitios de Hinojosa que conozco. Es uno de los pueblos que más he visitado. Quizás el que más. Desde adolescente he ido muchas veces en bici, ya que está en el kilometraje perfecto para hacer una salida no muy larga. Trayecto que sigo haciendo. Y, me he dado cuenta, de que todos los caminos llevan a Roma. En este caso, a un lugar. No adelantaré acontecimientos.

Hinojosa está perfectamente ubicada. Es el pueblo que está entre Labros y Tartanedo, con distancias mínimas entre los dos pueblos, cosa que facilita la comunicación entre ellos. Por delante, pasa la GU-426, carretera que se prolonga unos cuantos kilómetros más hasta Rueda, justo antes de coger la CM-210. Una carretera de larga bajada para los que vienen en el otro sentido, con el ya famoso sacacorchos justo a la salida, o entrada según se mire, del pueblo. Al menos para este escritor si va directo a allí.

Sin duda, el sitio neurálgico del pueblo es la Plaza María Cristina, donde se sitúa el frontón, el bar y el parque. Todo bien comprimido. Toda la acción está presente allí, tanto por las tardes, como por las noches en sus días de orquesta. Por todo eso, digamos que no nos desperdigamos tanto como en otros pueblos, ya que está todo cerca. Incluso el aparcamiento. Vengas de donde vengas.

Para los que venimos desde el cruce de Labros, está claro cuál es el lugar de aparcamiento. Al lado del Paseo de la Ermita. Cuando más pronto llegues, más cerca de la pista lo tendrás. Como si fuera la pole de la F1. Y encima, suele haber dos filas. Cada una en un lado. Dejando paso para los que prefieran otro camino. Si tienes suerte, puedes aparcar justo al lado o detrás del bar. Pero eso es solo para madrugadores.

Para los que vienen por el otro lado, lo suelen dejar en la Avenida Iryda, de vital importancia para entender lo que he dicho al principio del texto. Incluso, en alguna ocasión, se ha podido aparcar en el pequeño descampado que hay en frente de la carretera. Al final, como he dicho alguna vez, depende de varios factores. Y más si hablamos que el día 15 es el día más concurrido del mes de Agosto.

Subiendo la Avenida Iryda llegamos a una de las fuentes del pueblo, donde se sitúa el pequeño estanque de peces. En ese punto, la avenida se solapa con la Calle Hermano Beltrán, que seguirá subiendo, y teniendo una bifurcación con la Calle la Plaza, que se acaba uniendo un poco más adelante. Incluso, un poco antes de ello, tenemos otra calle, llamada Calle del Frío, que realmente es una enorme X, por su composición, y que hace de nexo entre otras calles.

Otro de los sitios que se nos puede venir a la cabeza son esos pequeños árboles situados en medio de una plaza de su igual tamaño, justo detrás de la Plaza María Cristina. En este caso, más que una plaza es una calle, la Calle Manguiteros, con varias desembocaduras, como el ya mencionado Paseo de la Ermita, la igualmente mencionada Calle Hermano Beltrán, como la, aun, desconocida Calle Norte.

Esta calle, la Norte, es la que marca uno de los extremos del pueblo. Una calle más bien estrecha, con una muralla en algún tramo y con bastante intimidad, para los nocturnos. Subiendo esa calle, terminas en el lavadero, justo delante de la iglesia de arriba y de uno de los caminos de posible acceso al pueblo. Un camino que es un desvío, casi imperceptible si vas en coche, para llegar a la parte alta sin tener que ir, primero, al centro de ocio del pueblo. El otro camino, viene por la parte sur del pueblo, que acaba convirtiéndose en la Calle del Solo.

Lo de llamarlo la parte sur no es gratuito, de hecho, hay una calle llamada así, Calle Sur, que acaba muriendo en la Avenida Iryda. Como es habitual, está la Calle Horno, aunque en la parte más alta del pueblo, aunque no es la que más. Ese honor lo tiene la Calle Travesaña, que mira frontalmente a la famosa iglesia. Pero, como he dicho antes, todo lleva a un lugar y no es ahí donde quería llegar.


El nexo de unión, el corazón, siendo quizá exagerado, es la Plazuela del Solar. Ese lugar con un enorme árbol y que siempre tiene reuniones de gente mayor en una de sus esquinas, sea para hablar o para jugar a cartas. Todos los caminos, de una forma u otra, llegan a ese rincón un tanto escondido del pueblo, que lo hace diferente y único. Ya que no solo la parte buena es la que se ve más.

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