miércoles, 11 de febrero de 2015

Deseos

Primer post de este año. Las Navidades, el frío y la falta de inspiración, sobretodo esto último, me han hecho postergar en el tiempo el primer mensaje de este ya estrenadísimo 2015. Habitualmente, con el final del año o con el inicio del siguiente, se suelen hacer propósitos, cambios en tu vida o mentiras ya sabidas como “ir al gimnasio” o “dejar de fumar”. Pues bien, en este modesto blog haremos nuestros propósitos, algunos irreales, otras quizá más factibles.

El primer deseo, irreal ya avanzo, es el de un verano tranquilo. Me explico. No hace tanto que ocurrieron los famosos hechos cobardes de un individuo que hacen que jamás se apague la llama del vacío a un pueblo entero. Un verano tranquilo de peleas, trifulcas, broncas. Sería lo más fácil de realizar, pero hay fuga de cerebros lo hace imposible, y en este caso no es un elogio para toda aquella gente más que válida que se tiene que marchar a otro lugar, si no al peor sentido que se le puede dar.

El siguiente deseo, otra utopía, es ver a toda esa gente que va a las fiestas, ir a la barra a pedirse sus refrescos, sus zumos y otras cosas de mayor consumo. Ver como todos nos ayudamos los unos a los otros dejando unos euros para que esas fiestas se sigan realizando. Que los “coche-bomba” desaparezcan durante ese mes. E incluso, por pedir, que algunos se dejen de pisar el morro por meter una neverita en medio del frontón de turno. El día que vean que dejarse dinero tanto en gasolina como en las botellas sale menos a cuenta, será el primer paso para un cambio de mentalidad.

Que las filias y fobias desaparezcan. El tratar de conocer a esa gente que nos rodea sin tener que juzgarla por historias pasadas o de oídas. El pasar horas y horas charlando con esas caras que vemos muy poco pero que nos alegra ver por qué estamos donde jamás queremos dejar de estar. El poder compartir buenos momentos con diferentes gentes, grupos o edades. Que algunas generaciones que dejan manchas en el nombre de su propio pueblo, empiecen a rozar la madurez y dejen de hacer el cafre allá por donde van. El lugar es idílico, no tratemos de quitarle el aurea. Aunque, como he dicho un poco más arriba, con según que personajes es imposible.

¡Qué no llueva! Basta ya de ver llover en días de fiesta, de tener que esperar a que caiga la noche y no ver caer agua. No tener que rezar para que el día de orquestas, no se tengan que suspender ninguna durante el poco tiempo que estemos. Poder disfrutar de todas y cada una de las orquestas en el recorrido casi habitual de cada año por esos pueblos de alrededor que sentimos tan cerca.

Y por último, que son pocos pero suficientes para un nuevo año, que no falte nadie, e incluso esa gente que no viene desde hace años. Que no dejen de sonar esas canciones que tanto quiero (Corazón salvaje rules) e incluso las que odio. El ir a los mismos rincones de cada pueblo, esos sitios que se hacen especiales. Ese banco. Esa esquina. Que todo eso nunca se pierda, que ese espíritu siga con el paso del tiempo.


No es un dogma. Ni pretendo ser un ejemplo, más faltaría. ¿Imposibles? Puede, pero quizás algún día, todos estos deseos, se hacen realidad. Y lo dice un incrédulo como este humilde escritor que incluso tiene deseos. Son solo deseos.

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