viernes, 18 de julio de 2014

Las otras fiestas

Las fiestas de tu pueblo son las mejores. Esa es la premisa de la que se parte cuando se habla con alguien sobre esos días de orquestas, alcohol y, en algunos casos, desenfreno. Es evidente que el prisma varía según el individuo, pero al ser nuestras propias fiestas en algunos casos la imagen se distorsiona… y a horario más intempestivo, más distorsionada está.

Pero, quitando nuestras  fiestas, siempre tenemos otro lugar en el cual disfrutamos mucho, hasta situarse justo por debajo de las propias, ¡qué ya son palabras mayores!  No sabemos por qué pero cogemos esas fiestas con ganas. Sea por la gente, por las ganas que las cogemos esos días, por cualquier tipo de circunstancia, pero ese pueblo es nuestro segundo sitio preferido.

No es tan fácil ocupar ese sitio. Hay enemistades entre varios de ellos durante largos años (¡un saludo Establés!) y llegar a ganarse un lugar importante en nuestras vidas pueblerinas, es algo difícil en estos tiempos. Pero ese es otro tema que ya abordaré más adelante.

Al final del verano, cuando haces un repaso de lo que han sido las fiestas, aparece en tu mente ese día, esa fiesta, lejos de tu sitio de confort, de tu pueblo. Como siempre, muchos de esos recuerdos están distorsionados por lo que lleva la noche en sí, pero lo disfrutaste y aún lo recuerdas.

Lo difícil es mantener ese status de “segunda fiesta”. Las orquestas son una lotería y nunca sabes si será buena o no, si conseguirás pasarlo tan bien como años anteriores en aquel lugar habitual, pero que miras con recelo. Y, habitualmente, sucede. Vuelven a ser las mejores fiestas… tras las tuyas, claro.

En mi caso, las mejores segundas fiestas eran las de Tartanedo. Cuando yo era un tierno niño e incluso casi adolescente, las fiestas estaban limitadas y eran esas fiestas, en el crepúsculo de las vacaciones, las que los padres accedían a llevarnos hasta horas muy cándidas, pero suficientes para nuestro afán de aquellas épocas. No existían las fiestas de Concha, lugar de reunión actualmente de los familiares.

Con el tiempo, cuando ya éramos adolescentes con las feromonas desatadas, esas fiestas cumplían un objetivo. Un último objetivo. Saciar la lívido. Aún más, en algunos casos. Todo llevaba a “La Pocilga”. Era final de trayecto para todas las breves historias estivales. Pero, con el tiempo, tras el cierre de la mítica peña del pueblo y los compromisos laborales, hicieron perdiera protagonismo en mi escalafón.

En la actualidad, tras esos y varios motivos más, tendría difícil decir quien ocupa ese lugar, pero seguramente me quedaría con las de Hinojosa, a pesar de lo ocurrido el año pasado (otro saludo al pueblo antes mencionado). Durante estos últimos años, se han ganado ese lugar en mis preferencias.


Pero cada año es diferente al anterior y perdonarme la obviedad. ¿En qué pueblo me lo pasaré casi tan bien como en el mío? ¿Dónde pasaré unas fiestas de risas y buenos momentos? ¿Cuáles serán las segundas fiestas?

4 comentarios:

  1. oye oye aun no te he visto mencionar Labros y sus cuestas.. a ver si vas a recibir en unos dias ehh!!!!! besos!!

    ResponderEliminar
  2. aunque sigue escribiendo que me encanta lo que pones!!! aunque nos llevemos unos años en algunas cosas me siento identificada :)

    ResponderEliminar
  3. Ya mencionaré a Labros, todo a su tiempo, que no quiero sufrir represalias por las chicas de allí :D.

    ResponderEliminar
  4. Pues dónde mejor... en Labros no?? jajajaja
    grande grande!

    ResponderEliminar