jueves, 3 de julio de 2014

Julio de espera

En mi más tierna niñez, e incluso adolescente, el mes de julio se me hacía eterno. Eran mañanas viendo las típicas series juveniles de Antena 3. “Salvados por la campana”, “Sueños de California” y “Las gemelas de Sweet Valley” amenizaban verano tras verano la parrilla televisiva para los estudiantes que estaban ya de vacaciones. Literalmente, año tras año.

En esas épocas, sin poder adquisitivo y alejado del mundo de la fiesta, los días se hacían largos, eternos. No había mayor pasatiempo que estar un rato en el parque con los amigos, haciendo actividades tan sanas como jugar a fútbol o comer pipas, algo casi impensable en los tiempos actuales ante las nuevas generaciones. ¡Qué tiempos aquellos!

Era curioso estar ante todo un mes entero sin clases, ya finiquitadas por fin, pudiendo levantarse tarde (ya apuntaba maneras), jugar a la Super Nintendo durante horas y horas e incluso llegar relativamente tarde a casa, que los días parecían hasta que tenían más de 24 horas. Te sentías como Bill Murray en el día de la marmota en “Atrapado en el tiempo”.

A pesar de la lentitud del paso de los días, finalmente, ante tu sorpresa, los días avanzaban. Lentos, pero avanzaban. Tu fase cuando llega el calor los chicos se enamoran aumenta a medida que se acerca el anhelado viaje. Los recuerdos y la nostalgia cada día se acrecientan más y finalmente te olvidas que estás en tu ciudad para centrarte exclusivamente en el pueblo. Exceptuando, eso sí, los días de despedida de amigos/as que también se marchaban de vacaciones. ¿Sentirían lo mismo que yo? Te preguntabas vagamente.

Mi vara de medir era el Tour de Francia. Al durar 3 semanas, aún tenía una forma de pasar esas tardes de julio, pero cuando acababa la carrera, sabía que no quedaba nada para ir. Esa última semana, sin la carrera francesa, era emocionalmente caótica. Imaginaros como hubiera sido con la existencia de redes sociales o de móvil de nueva tecnología. Es más, de tener móvil, que se instauraron en la sociedad cerca de mi mayoría de edad.

Cuando quedaban ya solo escasas horas para irte, los nervios ya mandaban por ti. Equipaje y poca cosa más. Bueno, los deberes van contigo de vacaciones también. Todo lo necesario para estar casi un mes. Más que suficiente por poco que sea. Poca diferencia con lo que uno se lleva actualmente. El cargador del móvil que no falte. El resto de cosas no son importantes. Incluso la ropa, si me apuras.

Y así es julio. Mes amado para el estudiante por ser el primero entero de vacaciones, pero extraño para el que tiene un pueblo en el mes de agosto esperándolo. Eran sentimientos que no hace mucho tiempo existían, pero que ahora ha menguado con las nuevas generaciones y cambios de mentalidad de un tiempo a otro.


Julio, deja paso al agosto ya que lo voy a disfrutar más.

1 comentario:

  1. Voy a colaborar a tu momento nostálgico, tirando de la manta y recordando al mundo tu pasado culé. Porque somos la generación del Força Barça, aunque uno sea merengón o perico, siempre guarda con cariño las caracterizaciones de los jugadores azulgranas.
    En cuanto al echar de menos el pueblo. En la era 2.0 (si no ya 3.0 o más...) es completamente diferente. Ya no vale el "ostia como has crecido", lo han ido viendo en tu perfil, que tienes morriña? pues te metes en el street view del google maps y "caminas" por sus calles, que tienes curiosidad por saber que será de "fulanito"?, pues te metes en su perfil o le llam...no, ya no se llama, ahora se envían 500 whatsapps equívocos que a veces conducen a cabreos y malentendidos...
    Ahora, afortunadamente, por muy avanzados que estemos (que no seamos), no hay nada que sustituya el banquete sensorial de estar in situ, alimentándonos socialmente,...en fin...que tienes razón! Agosto ya! (aunque los profes...Ya estamos en agosto...)

    Osti!! q se me pasaba la canción...

    https://www.youtube.com/watch?v=c-Fp4wq0VmY&feature=kp

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