Ha pasado mucho tiempo desde mi último post. Demasiado
seguramente. Obligaciones me han privado de hacer alguna entrada más. Aunque
seguramente el último “post” quedó por todo lo alto para acabar el año pasado.
No creo que ninguno pudiera superarlo. Y mi inspiración tampoco estaba para
tirar cohetes. Ya hemos pasado página. Año nuevo… entradas nuevas.
No es casualidad que escriba de nuevo en este mes de Marzo.
El mes de Semana Santa. Pocas semanas quedan para que llegue y muchos de
nosotros, volvemos a nuestro rincón de paz, después de mucho tiempo. Son pocos
días. Demasiado pocos, diría. Pero necesarios. Unos breves instantes en este
largo periodo de ausencia para abrir boca. Aunque demasiado escaso para el
tiempo que querríamos.
En este tiempo que queda, días, vuelve esa sensación al
cuerpo que teníamos apagada, hibernando, agazapada, esperando de nuevo su
oportunidad para resurgir tras mucho tiempo. Algunos lo llamarán tener muchas
ganas, cosa que sería lo más correcto. Pero yo prefiero usar el término
anglosajón “hype”. Cuanto más se acercan los días, más “hype”.
Ya de antemano aviso que no estoy usando correctamente la palabra,
aunque su definición no es muy clara. La definición sería algo así como crear
expectación exagerada de algo, normalmente de algún producto. En este caso, el pueblo sería lo que nos
crearía esa expectación, aunque eliminaría exagerada de este enfoque que le
damos al “hype”.
“Hype” es eso que te entra en el cuerpo cada vez que se
acerca el volver al pueblo. “Hype” es empezar a pensar que día será el elegido
para ir. “Hype” es empezar a hablar con la gente de tu pueblo para saber a
quién veras y a quién no. “Hype” es pensar si el tiempo respetará o pasará como
otras ocasiones. “Hype” es pensar en otros años y saborear esos momentos como
si fuera ahora. “Hype”, simplemente.
Ese sentimiento estaba en calma durante este tiempo.
Trabajo, estudios eran la prioridad. Ya quedaban atrás esos días de verano,
como diría la canción. Tantos kilómetros de distancia, como días en el
calendario para volver. Cambias de año y te das cuenta que el tiempo ha pasado
muy rápido. No lo sabes, pero ya está despertando.
Enero. Febrero. Meses puente. El invierno empieza a hacer
las maletas, aunque el clima diga lo contrario. Marzo. Ya miras a la cara a la
Semana Santa. Esas ganas iban aumentando lentamente, casi sin percibirlo. Pero
el volcán se está poniendo en erupción. Queda muy poco tiempo. Ya le das
vueltas a la cabeza. Tachando días de un calendario imaginario. Estamos a
principio de mes aún.
Aún quedan unos días, pero ya vas preguntando cuándo irán al
pueblo. Algunos ni lo saben aún. No a todos les llega el “hype” a la vez. Pero
es altamente contagioso. Y a medida que se acerca, lo es más. Se preguntan
planes. ¿Qué se hará? ¿Dónde se irá? ¿Cuándo será? Preguntas sin respuesta a
estas alturas. Aunque hay cosas fijas, clásicas, de otros años. Lo que
funciona, no hay que cambiarlo.
El “hype” no se puede controlar. Hay ganas de pueblo. Se
acerca la fecha. Más ganas aún. No es verano, eso está más que claro, pero
después de tanto tiempo de ausencia, como prólogo alejado de Agosto, ya era
hora de volver de nuevo. Y no acaba ahí. Una vez hayas estado allí. Una vez
hayas pasado unos días, el “hype” no se desvanece. Tocará el “hype” de verano.
Ya irás descontando los días, una vez más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario