Hace unos días acabó el mes de enero. Un mes de enero muy
frío. De los más fríos de los últimos años. Lo hemos notado, sin duda. Hasta en
mi ciudad, Barcelona, llegó esa ola de frío. Hasta yo, que suelo ser caluroso
de por sí, tuve frío en determinados momentos. Y pensaba: “si aquí hace frío,
en el pueblo ni te cuento.”
Si alguien quiere consolarse, en el sentido climatológico,
lo tiene fácil. Cada año (¡cómo si fuera noticia!) hablan de las temperaturas
tan bajas que se contemplan en el triángulo polar español. Ese triángulo
ficticio formado entre las ciudades de Teruel-Calamocha-Molina de Aragón. Cada
año, no falla. Lugares, sobretodo en el caso de la localidad alcarreña, muy
conocidos por nosotros.
Siempre miramos de reojo como está el clima por allí,
sobretodo en estos meses. Sabemos que los grados muchas veces están en negativo
en estos días. La nieve aparece aunque, cada vez, con menos frecuencia. Pero, a
medida que se acerca Semana Santa, miramos más de cerca el tiempo que hará.
Frío, seguro.
Y es que el frío siempre está presente. Sea el mes que sea.
Con diferentes intensidades, eso sí. La chaqueta en el equipaje nunca falta.
Sabes que te la vas a poner. Cuando el sol empieza a marcharse ya puedes tener
una a mano. Eso en agosto. Para el mes de marzo, o abril, siempre encima. Te
acompañará allá donde vayas.
En verano pasamos de casi a un extremo a otro en cuestión de
horas. De estar en manga corta, a tener que abrigarte. De tener calor a sentir
un frío intenso. La noche más fría siempre nos pilla de fiesta. En Anchuela el
último año, sin ir más lejos. Una de cal y una de arena. El calor nocturno, lo
dejamos para las grandes ciudades.
Solo los más valientes deciden quitársela. Normalmente, los
lugareños, ya acostumbrados a peores temperaturas que el fresco de la
madrugada. O los motivados. Aquellos que no han parado de echar combustible a
su cuerpo hasta perder el sentido del clima. O los inconscientes. El caso de
este escritor.
Eso sí, donde no existe duda alguna de llevarla siempre,
como he mencionado antes, es en el resto del año, exceptuando algún mes
primaveral. Vayas en la cercana Semana Santa, como en alguno de los puentes de
los últimos meses, es más que probable que el buen tiempo aparezca con cuenta
gotas y ese frío veraniego que detestabas, ahora sería perfecto. Quien lo iba a
decir cuando la maldecías.
Guantes. Gorro. Braga. Sin mal entendidos. Solo se te verá
la nariz. Y ojalá pudieras taparla también. Alguna pequeña tregua con el sol
hace que puedas ir algo más descubierto, pero sabes que solo serán pocas horas.
Bastante suerte habrá si no llueve. O nieva. Solamente la leña de las casas, y
del bar,
pueden paliar esa sensación. Incluso tener calor. Extremos. No podía
ser menos.
Ese frío molesto, casi insoportable e inoportuno. Ese frío
fiel a su cita con tus días vacacionales. Ese frío enemigo que te espera. Ese
frío. Ese frío que tengo ganas de pasar. Ese frío que quiero que llegue. Ese
frío casi añorado. Ese frío necesario. El frío del pueblo. Solo vive allí,
donde nos gusta estar. Ese frío.
No hay comentarios:
Publicar un comentario